Saturday, February 23, 2008



Bueno, aquí les pongo la última parte de este nuevo capítulo. En mi opinión es una de las mejores, me encanta esta escena; espero que la disfruten tanto como yo y comenten, por favor, ya sea para decir un simple "me gustó". Saludos.

Elizabeth se recostó contra una de las columnas del Gran Comedor, ahora adaptado para el encuentro del Club de Duelos. Stanford Lecter iba retrasado. No es que fuera una sorpresa para ella, conocía lo suficiente al amigo de su prometido para saber que haría algo por el estilo. Sería realmente genial que él faltase a la reunión, quién sabe si así el profesor McLaggen no cambiaría de idea y la cambiaría de dupla. Cualquier otro era mejor que ese irlandés engominado. Pero las esperanzas de Betsy se desvanecieron al verlo cruzar las puertas del salón y dirigirse hacia ella.
—Buenas tardes, Black-Thorne —saludó el joven.
—Pensé que no vendrías más —respondió ella, seca.
—¿Cómo podría perderme una oportunidad como ésta, querida mía, de compartir un evento social tan importante con nuestros más distinguidos colegas? —replicó él trivialmente.
Elizabeth lo miró de forma incisiva y reprobadora. ¿Acaso Lecter creía que estaba en un baile o en un té entre nobles? McLaggen había dejado más que claro que eso no era un juego. Se limitó a decir:
—Necesitas tomar más en serio el club, Lecter, o vas a terminar saliendo herido.
El irlandés esbozó una sonrisita burlona.
—Si es tan peligroso así, mi querida, nuestro distinguidísimo profesor McLaggen no debería haber dejado que tantas chicas indefensas participaran en el club.
Los dientes de Elizabeth rechinaron de rabia. Apretó con fuerza la varita que tenía en el bolsillo de la túnica. Por muy poco tuvo que refrenarse para no hechizar al idiota.
—¿Por casualidad has olvidado que tu pareja de club es una de esas “chicas indefensas” a quien tú te refieres? —dijo ella, de forma abiertamente agresiva.
Stan fingió no notar el tono de voz de Elizabeth. Continuó sonriendo y agregó:
—Por eso mismo, Black-Thorne, déjalo todo en mis manos cuando comencemos a duelar. Ciertamente nos irá muy bien si seguimos mi comando.
La pelirroja respiró hondo para contenerse, no quería armar un lío, no podía arriesgarse a que McLaggen la expulsase del salón sin al menos participar en la reunión. Aquello era demasiado importante para ella para echar todo a perder a causa de los estúpidos comentarios de Lecter. Betsy no podía hacer nada contra él, ni creía que valía la pena hacerlo, pero la bocota de Stan lo metería en un problema bien grande tarde o temprano.
Cuando Tiberius McLaggen se adentró al Gran Comedor de Hogwarts, los estudiantes callaron rápidamente. El profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras poseía un humor irascible y una rigidez extrema, emanando un aura de autoridad casi incuestionable. Aquellos que no le temían, tenían por él gran respeto y admiración.
McLaggen caminó directamente hasta el palco armado en el centro del recinto, donde serían realizadas las prácticas de duelos. Cruzó los brazos detrás de la espalda, observando silenciosamente a los alumnos durante unos segundos antes de hablar.
—Estoy satisfecho por ver que la mayoría de ustedes entendió la gravedad de la situación fuera de los portones del castillo y decidió continuar con nuestros encuentros —la voz grave de McLaggen inundó el salón—. No tenemos tiempo que perder, por lo tanto, pasaremos directamente a la práctica. Quiero evaluar los puntos fuertes de cada uno de ustedes, aprenderán de sus propios errores y los de los demás para que tengan herramientas suficientes para que puedan sobrevivir fuera de aquí.
—¡Cuánto drama! —susurró Stan bajito, cerca del oído de Elizabeth.
McLaggen le lanzó una mirada fulminante al irlandés, quien enmudeció inmediatamente. Si había algo que el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras no admitía era que no tomasen en serio sus afirmaciones. No era un hombre de llevar las palabras a la ligera.
—¿Algún problema, Lecter? ¿O mi discurso le está aburriendo?
—No... no, profesor —balbuceó el alumno—. Sólo estaba comentándole a Black-Thorne cuánta razón tiene usted.
McLaggen continuó mirando al irlandés con severidad, sabía que le estaba mintiendo.
—Bien, señor Lecter, tal vez pueda usted ser útil aquí y demostrarles a sus colegas cómo se hace un duelo de magos.
—¡Claro! —respondió Stan, retomando su acostumbrada postura arrogante—. Será un gran placer.
Antes de subir a la plataforma, el heredero de los Lecter no desaprovechó la oportunidad de exhibirse nuevamente, volviéndose hacia Elizabeth y diciendo:
—Mira y observa, Black-Thorne. Quién sabe si no aprendes algo observando al maestro aquí.
Betsy puso los ojos en blanco. Era lamentable que tuviese como dupla a un idiota como ése. Si continuaba así, sus esfuerzos de aprendizaje en el club serían seriamente perjudicados, pero, lamentablemente, no había nada que ella pudiese hacer.
—Ahora vamos a escoger a su oponente —continuó McLaggen, mientras veía entre la multitud a quién podía llamar.
—¿Puedo hacer una sugerencia? —interrumpió Stan.
—Está bien, Lecter. ¿Prefiere luchar con alguien en especial? ¿Tal vez con su dupla?
—No, profesor, creo que hay alguien aquí que sería ideal para una verdadera demostración de lo que es un duelo de magos —el joven sonrió maliciosamente—. Me gustaría llamar a Kamus Ivory.
Anabelle Timms levantó la mirada, observando al joven a su lado. El ruso no esbozó reacción alguna al oír su nombre. No podía negar que realmente él era el señor Figura Intocable de Hielo.
—Pues bien —asintió McLaggen—. Acérquese, Ivory.
Kamus subió tranquila y silenciosamente a la plataforma, mientras Lecter continuaba esbozando su burlona sonrisa. Aquélla era la oportunidad perfecta para hacer que Ivory pagase con el mismo galeón la humillación que le había hecho pasar a principios del año escolar. El incidente del tren aún lo tenía atascado en la garganta. Derrotar al ruso frente a los demás colegas sería la venganza perfecta.
—Caballeros —comenzó McLaggen—. Aunque estén aquí para aprender a defenderse, y aún sabiendo que los enemigos exteriores no demostrarán honor ni cortesía, pido que las reglas de etiqueta de duelos sean respetadas aquí. Pueden comenzar.
Kamus y Stan se colocaron de espaldas, dando cada uno siete pasos en direcciones opuestas. Antes incluso de que terminaran de contar, el irlandés se volvió y lanzó un Everte Statum no verbal en dirección a Ivory. Esperaba cogerlo desprevenido, sería deliciosamente divertido ver al ruso volar salón afuera, pensó para sí mismo.
Sin embargo, las esperanzas de triunfo fueron destrozadas ante el rápido reflejo de Kamus, que, reconociendo inmediatamente el hechizo conjurado, se protegió con un escudo invisible generado por un Protego, también no verbal.
Stanley dejó escapar una mueca de disgusto y rabia. No esperaba que el otro descubriese tan fácilmente su embestida. Tendría que ser más rudo si quería ver su esperanza concretada, pero ¿qué podía hacer para herir a su oponente? Tendría que ser algo efectivo y al mismo tiempo patético. Recorrió el salón con la mirada, tratando de ignorar las miradas de burla que algunos alumnos le dirigían, hasta que, en un punto abierto en medio de la multitud que rodeaba la plataforma, notó que algunas sillas estaban alineadas. Era perfecto.
"¡Waddiwasi!", pensó el irlandés con fuerza, mientras una de las sillas volaba a una increíble velocidad en dirección a Kamus Ivory, que, aburrido, ni se preocupó en esconder qué hechizo usaría para defenderse.
Deleterius —pronunció el ruso fríamente.
La silla se deshizo casi por completo en pleno aire y algunos pedazos restantes cayeron a los pies de Kamus.
—Y entonces, Lecter, ¿aún quieres continuar o ya te cansaste de esta payasada? —preguntó, manteniendo sus ojos tan fríos como su voz.
El irlandés apretó los puños, tratando de contener el enorme odio que latía dentro de él, mientras algunas carcajadas se oían en el espacioso recinto. Stanley bufó repetidas veces mientras trataba de acomodarse el cabello, empapado de sudor, que comenzaba a caerle desordenadamente sobre los ojos. Echó la cabeza hacia atrás y se irguió, tratando de retomar su pose de “lord”. No sería humillado nuevamente por el cretino de Ivory. Todo era cuestión de desconcentrarlo para poder revertir la situación, y él sabía exactamente qué decir para hacer que el ruso dejase caer su pretendida máscara glacial y mostrase su punto débil.
—¿Estás hablando de payasadas, Ivory? Bien típico de ti. Veo que nos ves a todos nosotros como un circo para divertirte cuando te place... no tienes respeto por nada, ni por nadie, principalmente por tu familia... Apuesto a que te vas a dormir todas las noches riéndote de tus parientes rusos, mientras de dejas ensuciar por los labios y las manos inmundas de esa paria mestiza que te está ayudando en ese clubcito de duelos —dijo el irlandés entre dientes, de modo que sólo Kamus y el que estuviera cerca pudiera escuchar, al mismo tiempo que arremetía una segunda silla en dirección a Anabelle Timms.
La joven, por suerte, consiguió esquivarla en el último segundo, siendo jalada por un compañero que estaba a su lado, cayendo los dos en el suelo. Anabelle se levantó irritada, maldiciendo por lo bajo, pero se mantuvo en el mismo lugar de antes, mientras los demás alumnos se apartaban de ella, temiendo una nueva represalia de Lecter.
McLaggen se acercó a los dos contrincantes para reprender al irlandés y acabar con la lucha, pero no fue lo suficientemente rápido. Un flash de luz inundó el salón y el cuerpo de Stanford fue violentamente arrojado a la esquina opuesta de la plataforma por un bien aplicado Everte Statum de Kamus. El joven herido cayó pesadamente sobre su brazo, soltando un gemido de dolor.
Lecter levantó la cabeza, y aún con la vista borrosa por las lágrimas que se formaron en los ojos, logró divisar la figura del ruso, que se aproximaba con la varita en ristre. El irlandés sintió una punzada de terror en la boca del estómago. Aunque su rostro no lo demostraba, los ojos de Ivory revelaban una furia desmedida. Kamus parecía un enorme oso que se erguía, imponente, sobre su indefensa presa.
Stan sintió un dolor lacerante en su pierna izquierda. Al mirar hacia abajo, notó que un hilo de sangre salía por el rasguño del pantalón, empapando la tela. El ruso lo había herido con un Laminus, el hechizo que imitaba a la estocada de una espada.
—¡Ya basta, Ivory! —gritó McLaggen, pero la voz del profesor fue ahogada por los gritos asustados de varios alumnos.
Lecter sintió su cuerpo nuevamente arrojado en el aire, mientras una segunda estocada del Laminus perforaba el espacio entre una de sus costillas. Esta vez el irlandés fue incapaz de gritar, desmayándose antes de aterrizar a los pies de Anabelle. La joven se cubrió la boca con una de las manos y retrocedió unos pasos, estupefacta al ver la sangre de Stan que empapaba el piso del salón y que llegaba hasta sus pies.
Kamus descendió de la plataforma, los demás alumnos se apartaron para dejarle paso hasta donde Lecter y Anabelle se encontraban. En su interior, todos sabían que el irlandés estaría perdido cuando el otro muchacho lo alcanzase, pero ninguno estaba dispuesto a interponerse en el camino de Ivory.
El ruso se acercó a su oponente, levantando al joven desmayado por el cuello de la camisa. En el breve instante en que los ojos castaños de Anabelle miraron el rostro contorsionado de Stan, un pensamiento fugaz y desesperado pasó por su mente: "¡Va a matarlo!".
Una luz verde emanaba de la punta de la varita de Kamus... él no era el tipo de persona que dejaba algo inacabado, no era ese el modo como los Ivory hacían las cosas, no fue así como su hermano le había enseñado. El ruso estaba dispuesto a terminar todo allí, en ese momento, cuando sintió entonces la pesada mano de McLaggen en su hombro.
—No querrás hacer eso, jovencito, no con toda esta gente mirando. Terminarás en Azkaban. Baja esa varita, Ivory.
Kamus apartó la mirada del irlandés para mirar a McLaggen. El profesor tenía una mirada dura y apretaba con fuerza su hombro, la varita también en ristre. El joven vio entonces que su oportunidad de finalizar el duelo estaba perdida, un movimiento en falso y McLaggen lo paralizaría... Si al menos hubiese sido unos segundos más rápido...
Soltó entonces a Stanford, dejándolo caer al suelo como un saco de papas. Entonces, sin preocuparse en mirar atrás, el ruso se dirigió hacia la salida sin encontrar impedimentos.



Wednesday, February 20, 2008



Las clases del turno vespertino habían sido finalizadas más temprano para ceder espacio a la segunda reunión del Club de Duelos organizado por Tiberius McLaggen. Exactamente a las cinco de la tarde los alumnos debían reunirse en el Gran Comedor.
Faltaban cerca de diez minutos para el horario acordado, pero Kamus ya había llegado. De cualquier modo, no había nada más interesante para hacer aparte de quedarse esperando. Sus ojos recorrieron el amplio lugar. Bellatrix ya había llegado también y estaba ocupada en provocar a su pareja de duelos, Frank Longbottom; el joven fingía no oír nada de lo que ella decía, aunque ya comenzaba a mostrar señales de irritación.
Ahora que se había puesto a pensar, Ivory se dio cuenta de que su prima no había hablado con él desde la última reunión del club, hacía una semana atrás. Bellatrix sólo había manifestado que la elección de las duplas había sido desafortunada y que sentía pena de su primo por haber acabado con «la mestiza inmunda de Timms», a fin de cuentas, «por lo menos Longbottom tenía sangre pura». Con eso Kamus supo dos cosas, que la joven de ojos ambarinos y comentarios mordaces que se tornó su dupla se llamaba Timms y que poseía parentesco con muggles, el apellido la delataba claramente.
Y, por hablar de ella, Anabelle acababa de llegar. Los ojos de la joven no tardaron en encontrarse con los de Kamus y el rostro de ella esbozó una mezcla de desagrado y reconocimiento. A pesar de la distancia, el muchacho percibió nítidamente que la joven meneaba la cabeza con irritación y maldecía por lo bajo para sí misma mientras se acercaba a él. Le hubiera gustado poder oír lo que la muchacha decía, quién sabe si no se divertía un poco. Pero Timms ya se había parado frente a él, con las manos en la cintura y el rostro vacío de expresión.
—Mejor aclaremos las cosas de una vez, Ivory —comenzó ella, hablando con altivez—. No me agradas, y menos aún me agrada quedarme de dupla contigo por el resto del año. Siendo así, nos veremos lo mínimo posible, solamente en las reuniones y cuando McLaggen nos mande algún trabajo, lo que, para mi desgracia, ocurrirá con más frecuencia de lo que desearía. Pero nada de hablar contigo en otra clase, y si me encuentras en un corredor, sigue de largo y finge que no me conoces. ¿Me has entendido?
Kamus sonrió a medio lado, irónico. La verdad, podría haberse reído si hubiera querido; sin embargo, optó por algo más discreto.
—¿Y exactamente por qué estaría interesado en hablar contigo fuera de aquí, jovencita?
—No es “jovencita” —dijo Anabelle, mudando un poco la postura altiva de antes—. Es Timms.
—Lo lamento, pero como hasta ahora no me has dicho tu nombre... —el joven sonreía irónico, y ella supo que él estaba mintiendo. Ivory ya sabía su nombre y había hecho eso a propósito. Creyó mejor ignorarlo, haría bien no darle motivos para mantener cualquier tipo de conversación con el señor Figura Intocable de Hielo. Se recostó también contra la plataforma de duelos, mirando de lado al muchacho, pero aún manteniendo una cierta distancia.
—¿Pretendes luchar de ese modo? —inquirió Kamus, con la atención aparentemente fija en las puertas del Gran Comedor, por donde ya había comenzado a entrar un gran número de alumnos.
—¿De qué modo?
—El cabello suelto puede estorbar la vista durante una lucha, aún más si es largo —respondió, mirándola por el rabillo del ojo.
Anabelle se puso a reflexionar lo que él había dicho. No era una afirmación tan descabellada... a fin de cuentas, si era alcanzada por algún hechizo y el cabello le cayese sobre la cara, le llevaría más tiempo recuperarse, dándole así oportunidad a su agresor para herirla nuevamente. Luego de unos instantes sacó de uno de los bolsillos de la túnica un elástico negro, dividió el cabello en tres partes iguales y comenzó a hacerse una trenza.
Kamus la observó en silencio trenzarse el cabello con rapidez y habilidad, su coordinación motora parecía ser excelente. Estaba claro que no se volvería una buena duelista de la noche a la mañana, pero quién sabe si con un poco de entrenamiento ella hasta no podría volverse una adversaria razonable. Por lo menos dentro de una plataforma de duelos, porque fuera de ella ya había demostrado ser una distracción interesante.
Anabelle se sujetó la punta de la trenza con el elástico negro y entonces levantó la cabeza, encontrándose con Kamus. Se sorprendió al ver que él no había dejado de observarla durante todo ese tiempo.
—¿Qué pasa, Ivory?
El muchacho no respondió de inmediato. Allí estaba otro aspecto interesante de Anabelle al cual él no había prestado mucha atención hasta el momento. El rostro de la joven era fino, con trazos graciosos y mejillas levemente sonrosadas, tal vez por el esfuerzo que ella hacía por parecer siempre irritada con algo. Tenía una nariz pequeña y levemente respingona y labios bien dibujados, sin ningún resquicio de pintura. El cabello ondulado y con raya completaba el cuadro para un perfecto rostro de muñeca. La mirada de Ivory descendió del rostro hacia el cuerpo de la joven. La túnica larga del uniforme escondía mucho, pero Kamus podía apostar que ella era dueña de unas curvas tímidas y delicadas. Sí, Anabelle era muy linda.
—No pasa nada —respondió él, inexpresivo.



Sunday, February 17, 2008



Bueno, les tengo un anuncio especial hoy. A partir de hoy tendré posibilidades de postear más a menudo, por lo que para comenzar les tendré dos posteadas semanales, en vez de quincenales como hemos estado haciendo hasta ahora. Sí, así que ahora estén atentos, porque más cosas se van a revelar en esta historia. Disfrútenla y comenten. Saludos. Atentamente, Corina.

La lluvia caía torrencialmente en los terrenos de la escuela a media tarde. Por lo tanto, fue con cierto alivio que las dos chicas entraron corriendo por las puertas de roble que daban acceso al predio principal del castillo.
—¡Deberían prohibir las clases exteriores durante la época de lluvias! ¡Mírame, estoy completamente empapada! —reclamó la joven negra, sacudiéndose los brazos para tratar de secarse las mangas de su túnica.
—Marion, sabes que ésta es la época del año más propicias para estudiar a los fénix irlandeses, ya que su canto anuncia la llegada de las lluvias. El profesor Kettleburn sólo marcó esas clases para que tengamos un conocimiento más rápido del tema —justificó la pelirroja, mientras torcía con las manos el borde de su propia túnica.
—Ah, sí —replicó la otra bruja, alzando teatralmente las manos al cielo—, gran excusa. Ir a las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas bajo una tempestad para observar un pájaro feo y desnutrido. Y llamarlos fénix es una bondad tuya, Betsy, pues para mí son sólo augureys... Lo digo en serio, eso de cambiar mi comodidad por ese canto irritante...
Su compañera soltó una carcajada.
—Siempre tan dramática...
—¿Dramática yo? —continuó Marion, fingiéndose ofendida—. ¿Estamos más ensopadas que las sirenas que viven en el lago de la escuela y me dices que estoy haciendo drama? Mira sólo el montón de agua que ya hay en el corredor.
—Hablando así hasta parece que ése es el mayor problema del universo. ¿Olvidaste que nosotras dos somos brujas? —dijo Elizabeth, sonriendo. Sacando la varita del bolsillo de su túnica, apuntó a su amiga, conjurando—: ¡Seccare!
Literalmente por arte de magia, Marion quedó completamente seca, ni siquiera la poca agua se veía bajo sus pies. Luego Betsy hizo lo mismo con ella misma.
—Prontito, quejona...
Marion miró a su amiga con seriedad, como si aún estuviese molesta, hasta que comenzó a reír de buena gana.
—Está bien, Betsy... ya entendí tu punto... a veces exagero, lo sé. Pero confiesa que hago tu vida mucho más divertida.
La otra sólo asintió con la cabeza como respuesta.
—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Marion, cambiando de asunto, mientras las dos caminaban por el corredor.
—Bueno, pensé en ir a tomar un baño antes de ir al Club de Duelos. ¿Por qué?
—Er... bueno... —comenzó la joven negra, inclinando la cabeza, ligeramente sonrojada—. Es que, si no te molesta, voy a encontrarme con Johnny antes de irnos al Club.
Elizabeth arqueó una ceja en señal de interrogación.
—¿Johnny?
—Mi dupla del Club de Duelos, ¿lo olvidaste?
—Ah, bueno. No hay problemas, yo la verdad es que tengo que esperar a Lecter.
Doblando el siguiente corredor, una estudiante de sexto año, de largo y ondulado cabello dorado, actitud altiva y brillantes, aunque fríos, ojos azules, cruzó el camino de las dos amigas. Caminaba con imponencia y elegancia, levantando la nariz con aire de superioridad, como si su presencia fuese un regalo para los meros mortales que la rodeaban. Pasó por delante de Betsy y Mari como si las dos no existiesen, caminando directamente al corredor de las mazmorras.
—Sé que es tu prima, pero no soporto a Narcisa Black —comentó la negra, sin contener una mueca de asco al hablar de la estudiante de Slytherin—. Camina por la escuela como si fuese dueña del castillo... Todo bien que su hermana hace lo mismo, pero al menos Bellatrix tiene actitud. Narcisa es demasiado fresca para mi gusto.
—Sin querer justificar a Narcisa, Mari, pero ella es una Black, no esperan menos de eso de los miembros de nuestra familia —respondió Betsy, con un toque de discreto embarazo en su voz.
Marion miró de reojo a su amiga. Ocasionalmente Betsy trataba de justificar las acciones arrogantes y elitistas de los miembros de su familia, como si necesitase disculparse por el comportamiento de ellos. La joven Black-Thorne acostumbraba a asumir la culpa por las actitudes de sus familiares, como si, inconscientemente, creyera que, ya que compartían la misma sangre, había alguna responsabilidad suya sobre lo que ellos hacían.
—Tú no eres así, Betsy... no eres como tus primas...
Elizabeth dejó escapar una sonrisa triste.
—Tal vez porque soy una Thorne también... pero, aún así, vamos a aceptar la verdad. A pesar de toda esa pose, Narcisa es la chica más popular de la escuela.
—Pero ¿has olvidado que “los hombres prefieren las rubias, pero se casan con las morochas”? —replicó Marion, divertida, tratando de animar un poco más a su amiga.
—Ah, sí —replicó Betsy, recuperando el buen humor—, y las pelirrojas como yo sobramos. Eso sí, no sé si Lucius estaría de acuerdo con esa teoría.
—Es verdad, me había olvidado que Narcisa ya está comprometida. ¿Compromiso a los quince años? Por Morgana, este mundo no tiene remedio mismo... Cuando tu familia es de locos, te pones a reír y no me crees.
Elizabeth se rió bajito, para enseguida dejar que su rostro fuese cubierto por una pequeña sombra de seriedad.
—¿Sabes? A veces me pregunto por qué Narcisa continúa en la escuela. Es obvio que el único propósito en su vida era encontrar un buen marido. Y creo que Lucius estaría listo para casarse con ella mañana mismo si Narcisa lo desease.
Marion dejó de andar, mirando a su amiga. Apretó una mano sobre la otra, ligeramente ansiosa. Hacía tiempo que quería comentarlo con su amiga, pero no encontraba el momento oportuno para mencionar los comentarios maliciosos que había oído desde el comienzo del semestre.
—Betsy... no quería decírtelo, pero... bien, hay mucha gente que está diciendo lo mismo de ti y de Sinn.
Fue el turno de la pelirroja detenerse en el medio del corredor, los ojos bien abiertos y las mejillas rojas de rabia.
—Estás bromeando, ¿verdad? ¡No puedo creer que están diciendo eso! Hasta pareciera que mi meta de vida fuera casarme y volverme una doña...
Marion llegó a abrir la boca para replicar que si su amiga se casaba con Sinn era exactamente ese destino que le esperaba, pero se contuvo. Estaba demasiado cansada para discutir con su amiga sobre lo desquiciado que era su compromiso. Sinceramente, Marion no lograba comprender qué poder era el que Maxwell Sinn tenía sobre Elizabeth. Lo que la joven negra no sospechaba era que el enigma de la cuestión estaba muy, muy lejos del heredero de la casa de los Sinn.



Sunday, February 10, 2008



Tiberius McLaggen era un hombre fácil de contentar. Le gustaba el silencio, la organización y que sus alumnos acatasen sus órdenes.
Anabelle Timms también apreciaba el valor del silencio y de la organización, pero, como contrapartida, nunca tuvo inclinación a acatar órdenes, especialmente cuando no estaba de acuerdo con ellas. Y a partir de eso se generaban grandes roces entre profesor y alumna. McLaggen estaba claramente satisfecho con la forma en que habían sido distribuidas las duplas de su Club de Duelos. Sin embargo, Anabelle se encontraba muy, muy lejos de cualquier sentimiento que rozase al mínimo conformismo, cuanto más satisfacción. Fue por eso que esa mañana la joven decidió procurar al profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y obligarlo a darle permiso para cambiarse de dupla. Si todo salía como lo planeado, a la hora del almuerzo estaría libre de Kamus Ivory.
—Con permiso, ¿puedo tomar un minuto de su tiempo, profesor? —preguntó Anabelle, asomándose al despacho de McLaggen.
—Es mejor que sea realmente un minuto, Timms. Tengo una clase dentro de un momento.
Ella sonrió, entrando a la habitación y cerrando la puerta. Se sentó en la silla frente a la mesa que el propio McLaggen le había indicado.
—Ya que dispone de poco tiempo, seré directa —dijo la joven, cruzando los brazos y adoptando una expresión y tono de voz más serios—. Creo que usted sabe que pretendo estudiar la carrera de sanadora después de graduarme, ya le he dicho eso. Fue ese motivo lo que me llevó unirme al Club de Duelos, para aumentar mi nota en su disciplina...
—Pensé que había ingresado con la intención de aprender a defenderse —interrumpió McLaggen a su alumna, visiblemente molesto con la manera con la que Anabelle parecía banalizar la idea del club.
—Oiga, eso es para los aurores, ¿verdad? —hizo un gesto de displicencia con una mano—. Pero no vine aquí para discutir eso. El caso es que, totalmente contra mi voluntad, Ivory terminó siendo mi dupla. Ese es el problema que usted tiene que resolver, profesor —concluyó Anabelle su discurso de una manera que daba a entender que McLaggen no tenía ninguna otra opción posible más que atender su pedido.
El profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras llegó a perder el habla durante unos instantes, impresionado por la petulancia de esa muchacha. Como si no bastara cuestionar todas las notas que recibía en sus deberes, y a veces hasta criticar su manera de enseñar, la joven venía a protestar una decisión que él ya había tomado y que, claramente, nunca estuvo abierta a réplicas.
—No veo ningún problema en eso, Timms. Ivory es uno de mis mejores alumnos, nunca en mi vida conocí a un joven de sólo diecisiete años que manejase una varita tan bien. Él ganaría con facilidad a magos mucho más viejos y expertos —McLaggen sonrió antes de agregar—: Debido a su falta de talento en duelos prácticos, creo que usted debería estar muy feliz con ese arreglo. Tal vez pueda aprender algo de Ivory.
La joven estrechó los ojos almendrados y torció ligeramente la cabeza. Casi se mordió la lengua para refrenarse y no mandar al profesor al demonio, aunque se lo merecía. ¡Era lógico que no sabía duelar, no era ninguna salvaje! Su talento era puramente intelectual, no necesitaba ponerse a agitar una varita y correr de aquí para allá evitando hechizos infantiles. No importaba cuánto discursara McLaggen sobre la importancia de que todos supieran defenderse, de la guerra y qué otras cosas más, para ella ese Club de Duelos nunca significaría más que un mero pasatiempo para un montón de jovenzuelos peleones y ociosos. Pero, desafortunadamente, ella necesitaba el crédito extra del club y solamente por eso se forzaba a frecuentarlo.
—No trabajaré con Ivory, me rehúso. Él no pasa de ser un mimado y arrogante que le gusta hacer poses de invencible y se atribuye a sí mismo más valor del que verdaderamente posee.
McLaggen apoyó los codos sobre la mesa, uniendo las manos y descansando el mentón sobre ellas. Sus ojos se quedaron observando el rostro de Anabelle. Nunca había encontrado una joven más difícil de lidiar que ella. Inteligente y talentosa, sin ninguna duda, pero con una personalidad terrible.
—¿Está tan segura de que Ivory es realmente el mimado y arrogante de la dupla, señorita Timms?
Los ojos de Anabelle se estrecharon aún más.
—¿Qué me está queriendo decir? —se vio obligada a hacerse la desentendida, aunque su rostro denotaba claramente que había comprendido la insinuación del profesor.
—Estoy diciéndole que mi decisión ya está tomada. Kamus Ivory es su dupla. Acéptelo o salga del Club de Duelos y quédese sin su “Sobresaliente” en el EXTASIS de Defensa Contra las Artes Oscuras.
La joven respiró hondo y apretó los puños para contener el deseo de asestarle un puñetazo en el rostro a McLaggen. Pero hacer eso era como entregar un pedido escrito solicitando detenciones por el resto del año, y ella no iba a perder el tiempo con una cosa tan inútil, habiendo como había tanto para estudiar hasta la época de los exámenes. Finalmente, dándose cuenta que cualquier otra tentativa de disuadir al profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras era inútil, Anabelle se levantó de la silla, echándose hacia atrás su larga melena castaña. Era duro tener que admitirlo, pero esta vez no conseguiría lo que quería.
—Espero que esté contento, profesor McLaggen. Acaba de arruinar mi sueño de ser sanadora —y después de mirarlo con desdén le dio la espalda y cerró la puerta del despacho con tanta fuerza al salir que uno de los tinteros de la mesa del profesor cayó al suelo, quebrándose.McLaggen sacó su varita de la túnica para reparar el objeto roto. Luego suspiró, masajeándose lentamente las sienes. Unos poquísimos minutos con esa jovencita ya fueron suficientes para dejarlo con dolor de cabeza. Sinceramente, sentía una gran pena por el joven que se dejara llevar por el bonito rostro de Anabelle y cayese en la locura de casarse con ella. El pobre tipo jamás volvería a tener paz en su vida.





CONTÁCTENOS


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SITIO ORIGINAL BRASILEÑO





CRÉDITOS

TRADUCCIÓN:Corina Frasier












Este blog es un fanfiction inspirado en los libros de Harry Potter. Nuestra historia comienza en los años 70, el tiempo de la primera guerra mágica. Nuestros personajes son originales, inspirados por el universo de JK Rowling.

NICHOLAS DANIEL JOHNSON


Escritor muggle de libros de fantasía y ficción. Sus padres, Richard y Mary, eran profesores de literatura inglesa, lo que tal vez haya influenciado a Nicholas en su elección profesional. Ambos murieron en un accidente de tráfico al regresar de una conferencia en una noche lluviosa, cuando Nicholas tenía doce años. Fue criado por su hermano mayor, Robert Johnson.


ELIZABETH ASTREA BLACK-THORNE JOHNSON


Heredera de una ultra tradicional y conservadora familia de magos, los Black-Thorne, Elizabeth nunca aprobó las ideas tradicionalistas de sus padres, siempre entrando en serios conflictos con ellos, especialmente con su madre, Marguerite. Cuando era estudiante perteneció a Gryffindor, hecho que generó una nueva desavenencia entre ella y su familia. Es alegre, valerosa e intrépida. Trata con igual simpatía a muggles, magos y mestizos. Es más, su mejor amiga, Marion Peterson, es hija de muggles. Cuando se graduó en Hogwarts decidió ser auror como su hermano Aldebarán, a quien mucho admira.


ALDEBARÁN AURELIUS BLACK-THORNE


Hijo primogénito de Pericles y Marguerite, Aldebarán siempre tuvo una personalidad introvertida. Raramente sonríe a no ser en presencia de su hermana menor, a quien le profesa un gran amor. No aprueba las ideas de sus padres sobre la pureza racial entre los magos y siempre trata con igual deferencia a muggles, magos y mestizos. Cuando estudiaba en Hogwarts perteneció a Ravenclaw. Es un hombre justo y valiente.


FRIDA WITOSLAWA GRYGIEL


Es una bruja de origen polaco y estudió en Durmstrang de joven. Se mudó a Inglaterra poco después de graduarse. Es una mujer elegante, educada y distinguida.


LUDOVIC SEDARIUS ERÍDANO BLACK-THORNE


Hijo del medio del matrimonio Black-Thorne, Ludovic siempre fue el preferido de sus padres exactamente por ser el único de la prole que aprobaba incondicionalmente las ideas paternas acerca de la purificación de la raza mágica. Perteneció a Slytherin cuando estudió en Hogwarts. Después de graduarse se hizo mortífago. Ludovic es uno de los más inescrupulosos, perversos y amorales siervos de Voldemort y uno de sus principales asesinos y torturadores.


ALEXANDER Y GABRIELA SINCLAIR


Gryffindor en los tiempos de Hogwarts, Alex era conocido por su coraje e integridad. Se volvió auror después de graduarse, pero por amor a su esposa abandonó el empleo y se volvió instructor de la Academia de Aurores. Es uno de los mejores amigos de Aldo.
Gabriela nació en Perú y se mudó a Inglaterra para trabajar con su hermano mayor. Muggle, siempre tuvo dificultades en aceptar y lidiar con el mundo mágico, pues iba en contra del temperamento racional que ella cultivó durante años. Es una mujer cariñosa pero de genio fuerte.


LUCY REINFIELD


Miembro de Hufflepuff en época del colegio, vio a sus padres ser asesinados por mortífagos cuando tenía once años de edad; escapó gracias a que estuvo escondida y su madre logró distraer a los siervos de Voldemort. Sin otros parientes vivos, Lucy pasó a estar bajo la tutela de Bartemius Crouch, amigo de largo tiempo de su padre y que terminó ocupando efectivamente el cargo que sería de Reinfield. Cuando se graduó en Hogwarts, Lucy trató de entrar a la Academia de Aurores, pero suspendió los exámenes físicos. Fue gracias al "tío Barty" que Lucy consiguió el puesto de secretaria en el Cuartel General de Aurores.


* Harry Potter, nombres, personajes, lugares y demás hechos relacionados son propiedad de J.K. Rowling, Warner Bros, Bloomsbury, Scholastic, etc.
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