Tuesday, April 29, 2008



Kamus abrió la puerta de la torre, atravesándola y luego dejando pasar a quien lo acompañaba. Rigel sonrió levemente al joven cuando pasó a su lado y caminó hasta el parapeto, apoyando las manos sobre el antepecho de piedra y dejando vagar su mirada por los interminables terrenos de la escuela que, hasta años atrás, fue su hogar.
El menor cerró la puerta y se acercó. Kamus se paró al lado de su hermano y acompañó, en silencio, su mirada.
—¿Se siente mi falta? —fue la pregunta del estudiante.
Rigel curvó sus labios discretamente y volvió el rostro hacia él antes de responder:
—Sólo porque aún estás en este lugar.
Los dos hermanos se miraron en silencio por unos segundos hasta que el menor, dándose por vencido, desvió la mirada, con una sonrisa poco típica y obstinada en sus labios y rompiendo su expresión siempre fría y austera.
El líder del clan Ivory retiró la mano izquierda del parapeto de la torre y pasó su brazo por los hombros de Kamus, haciéndole inclinar la cabeza sobre su hombro. Su hermano menor no se resistió al gesto, sólo se mantuvo en silencio.
—¿Cómo están yendo las cosas por aquí?
—¿Aparte de que casi maté a alguien hace unos días? —inquirió Kamus de forma irónica.
Rigel sonrió. El tono de ironía que sólo su hermano sabía usar le había hecho mucha falta.
—Sí, excepto por eso —respondió.
—Todo como siempre. Estudiaste aquí siete años, deberías saberlo.
El primogénito asintió.
—¿Has hablado con Bellatrix?
Kamus frunció el ceño, levantando un poco la cabeza para mirar a su hermano. El líder de los Ivory mantenía una expresión impasible mientras observaba la superficie del lago de la escuela.
—Sí, a veces. ¿Por qué lo preguntas?
Rigel desvió la mirada de su antiguo foco de atención hacia su hermano menor.
—Ella te siguió después que te fuiste de la fiesta. ¿Por qué?
El menor arqueó una ceja, así que Rigel se había dado cuenta... Bueno, era de esperarse, considerando que Bellatrix no era exactamente una de las personas más discretas que él conocía, y el primogénito del matrimonio Ivory Black era extremadamente perspicaz y observador, principalmente en lo que respectaba a su hermano menor.
—Tú conoces a Bellatrix, sólo estaba siendo la misma de siempre. ¿O acaso debo recordarte que, antes de elegirme como blanco, era contigo con quien acostumbraba a jugar?
Rigel sonrió ante la acusación.
—Sabes bien que no la soporto, Kamus.
—Ni yo. Se volvió un incordio en estos últimos meses, siempre queriendo darme órdenes y actuar como líder —cruzó los brazos, visiblemente incómodo—. Y tú sabes que sólo existe un líder a quien sigo.
El primogénito sonrió, sin preocuparse por esconder el placer que le causaba oír esas palabras. Sí, él sabía a quién se refería Kamus...
Rigel llevó su mano libre hasta la nuca de su hermano, obligándolo a mirarlo; luego se inclinó sobre su rostro y depositó un beso en su mejilla.
—Te eché de menos —dijo Rigel, aún con los labios cerca del rostro de su hermano.
Kamus sonrió de lado. También él había sentido la falta de su hermano y mentor, ya transcurrieron tres meses desde la última vez que lo vio, en la fiesta de compromiso de Elizabeth.
Qué porquería de fiesta... Detestaba ese tipo de teatro ensayado que eran los eventos promovidos por Marguerite Black-Thorne, o mismo por Betelgeuse Ivory, pues a causa de eso siempre acababa discutiendo con su hermano. Rigel se ponía insoportable con su sentido de la obligación y la etiqueta... Al infierno con todo eso.
—No te preocupes —comenzó el más joven, apartándose de Rigel lo suficiente para mirarlo—. Dentro de pocos meses estaré fuera de aquí y entonces podremos estar juntos, ya sea de vuelta a Moscú y quedándonos aquí, tanto da. Lo que decidas yo acataré.
Cualquiera que conociera a Rigel Ivory, fuera como asesino al servicio del Señor Tenebroso, fuera como distinguido y respetable miembro de la sociedad rusa, jamás podría siquiera soñar con ver algún día en ese rostro tan duro e intolerante, frío y cínico, tanta ternura. Casi podía arriesgarse a describirse eso como amor.
Kamus era su punto débil, tal vez el único, y el líder de los Ivory lo sabía. Su hermano menor era el regalo más precioso que había recibido en su vida.
Nada jamás podría compararse con Kamus, nada jamás podría sustituirlo. Su hermano menor era el que siempre estuvo a su lado. Podría estar rodeado de personas cantándole alabanzas, pero la única presencia que realmente le importaba era la de su hermano. La mano de Kamus que sujetaría la suya en cualquier momento, sin titubear. Los ojos idénticos a los suyos no miraban a nadie más que a él.
—No voy a permitir que vayas nuevamente a un lugar donde no pueda verte —dijo el mayor. Sus brazos envolvieron el cuerpo ligeramente más diminuto al suyo. Más que cariñoso y protector, dominante y posesivo.
Ellos se pertenecían el uno al otro. Rigel lo sabía. Kamus lo sabía. No habría nadie más, sólo ellos dos. Y debían permanecer siempre juntos, porque así tenían que ser las cosas. Siempre.



Friday, April 25, 2008



El ambiente era bastante sombrío, pero después de casi siete años habitando en las mazmorras del castillo, no era nada a lo que no estuviera acostumbrado.
A pesar de no ser muy grande y sí bastante aislado, el cuarto era relativamente confortable. Y Slughorn aparecía todos los días tratando de mostrarse agradable y servicial. Le traía un libro o dos o cualquier cosa que creía que podría agradar y distraer al joven Ivory. El profesor tampoco se cansaba de emitir palabras de incentivo y comprensión, cualquier cosa que pensara que podría tranquilizar a su alumno. Como si Kamus necesitara realmente de todo eso.
La verdad es que a Ivory no podía importarle menos lo que podía sucederle. Si era expulsado de Hogwarts, tanto mejor. No tenía muchos deseos de volver a atender a las clases. Y para el futuro que seguiría fuera de ese castillo, no necesitaría de un diploma. Si era realmente imprescindible seguir con ese formalismo educacional, Hogwarts no era el único centro de enseñanza en el mundo. Durmstrang, donde acostumbraban a ser educados los hombres del clan Ivory y lugar donde su propio padre había estudiado, no tenía nada que envidiar a la escuela de Dumbledore.
Lo único que lamentaba era saber que Lecter parecía estar recuperándose razonablemente de sus heridas.
La puerta de hierro fue empujada con fuerza desde afuera, haciendo un ruido desagradable al raspar contra el suelo de piedra. Un rostro delgado y arrugado se asomó al cuarto, sujetando una linterna con la tentativa de iluminar mejor el ambiente.
—Tienes visita, Ivory.
Kamus arqueó levemente una ceja al oír la voz asmática de Filch. Cualquier profesor que quería verle podía hacerlo sin necesidad de la compañía del celador, y la presencia de cualquier estudiante había sido prohibida.
El viejo celador se apartó para dejar pasar a su acompañante. Gracias a la luz escasa de la linterna que se balanceaba en la mano callosa de Filch, el joven pudo ver fugazmente unas facciones extremadamente familiares. Involuntariamente, sus ojos azules se agrandaron. ¿Qué podía estar haciendo él allí? Siendo quien era, ¿cómo Dumbledore podía haber permitido la entrada de él en plena Hogwarts?
Filch circuló por el cuarto, encendiendo los candelabros y mascullando bajito para sí mismo. La gata flaca y grisácea lo seguía fielmente, como siempre hacía. Pero nadie prestaba atención al squib o a la felina.
Cuando la mazmorra ya estuvo completamente iluminada, el celador dijo algo que no fue escuchado por ninguno de los otros dos presentes antes de hacer una ligera reverencia (lo más que su reumatismo le permitía) y dejar el cuarto con la señora Norris en sus talones. La puerta se cerró con un chirrido de cerraduras oxidadas y luego de ello no hubo más que silencio.
Rigel Ivory estaba parado cerca de la puerta de la mazmorra. El cabello bien cortado, barba afeitada, vestimenta azul oscura que combinaba perfectamente con sus ojos, porte impecable. Kamus ya lo había visto con ese aspecto muchas veces y sabía que aquella postura indicaba una reunión de negocios.
El silencio fue sustituido por el ruido de pasos. El líder del clan de los Ivory no necesitó más de dos segundos para atravesar la habitación hasta la cama donde Kamus estaba sentado. El estudiante no esbozó reacción alguna hasta que sintió las manos de Rigel sujetar sus hombros e inclinarlo hacia él, de modo que su cara se recostara contra el pecho de su hermano mayor. El adolescente no tardó en sentir el rostro de su hermano rozando su cabello hasta que Rigel besó levemente los mechones lisos y negros.
—Me enteré que te metiste en líos por aquí —dijo él, pero su voz no contenía ningún reproche. De hecho, hasta parecía de buen humor.
Kamus suspiró levemente, ya recuperado de la sorpresa de ver a su hermano allí. Elevó sus manos hasta apoyarlas sobre los antebrazos de Rigel y levantó el rostro para observarlo.
—¿Viniste por eso?
El mayor sonrió levemente. Una expresión de sarcasmo idéntica a la que Kamus acostumbraba utilizar. Su mano derecha dejó el hombro del joven para acariciar levemente la mejilla del adolescente.
—Pensé que sería una buena excusa para venir a verte.
Kamus sonrió discretamente ante la respuesta de su hermano. No podía negar que era agradable tener a Rigel cerca nuevamente, aunque fuera por un breve lapso de tiempo, pues aquellas palabras indicaban también que el líder de los Ivory no había ido hasta allí para buscarlo. Por lo visto permanecería en Hogwarts por un tiempo más. Pero si Rigel había decidido que era mejor así, entonces todo bien por Kamus. El primogénito sabía lo que hacía.
—¿Quieres dar una vuelta? —preguntó el menor, con expresión tranquila en su rostro—. Necesito un poco de aire puro.
Rigel asintió, ofreciendo una mano que su hermano no dejó de aceptar.



Thursday, April 17, 2008



Después de salir del despacho de Dumbledore, el primogénito de los Black-Thorne decidió aprovechar la ocasión para ver a su hermana, aunque fuera fugazmente. No deseaba interrumpir las actividades de Elizabeth, pues, de acuerdo con Filch, en esos momentos ella se encontraba con otros compañeros haciendo las tareas del Club de Duelos.
Aldebarán miró a través de la puerta entreabierta del Gran Comedor, vislumbrando a su hermana menor en el entarimado, frente a otro colega, un joven alto y corpulento, con uniforme de Ravenclaw. Aunque el muchacho tenía casi el doble de tamaño que Elizabeth, para el auror, era obvia la ventaja de su hermana. Betsy tenía una empuñadura firme y elegante, mientras su oponente apenas lograba sostener su propia varita con la fuerza necesaria para mantenerla en la mano frente a un golpe más fuerte. Con todo, a pesar de su orgullo latente por la envergadura y habilidades de su hermana, especialmente por haber sido él quien le enseñó a ella gran parte de las reglas y posiciones de combate en duelos, él siempre se preguntaba si todo lo que ella sabía sería suficiente para que Betsy pudiera sobrevivir a los peligros que la aguardaban en la profesión que ella había decidido seguir.
—¿Black-Thorne? —una voz firme y casi incisiva hizo que el pelirrojo desviase la vista del combate en el que su hermana estaba envuelta. Inmediatamente reconoció los trazos serios y extremadamente rígidos de Tiberius McLaggen.
Era la segunda vez que ese hombre ocupaba el cargo de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Como varios otros antes y después de él, McLaggen permaneció por un único y aislado año en el puesto. Se había ido para concluir sus estudios de especialización en el este europeo y, después de eso, pasó a impartir clases en la Academia de Ciencias Alquímicas enseñando magia comparada con enfoque a las de contenido militar y estratégico. Si McLaggen hubiera optado por volverse auror, posiblemente se habría convertido en alguien del calibre y competencia de Alastor Moody y Gillian Willows, subjefes del Cuartel General de Aurores. Pero McLaggen había optado por la vía académica, aunque eso no lo tornaba menos cualificado. Por lo que sabía Aldebarán, el regreso del profesor había sido a pedido de Dumbledore y su licencia en la Academia de Ciencias Alquímicas se limitaba apenas al período de un año, como ya era de esperarse. El Club de Duelos fue la forma que McLaggen hizo valer los motivos por los cuales fue convocado. Preparar a los alumnos para la guerra.
Aldebarán casi dejó escapar una sonrisa al ver a su antiguo profesor, pues fueron sus enseñanzas las que lo llevaron a optar por la vida de combate contra las fuerzas oscuras. Pero conocía a McLaggen lo suficiente para saber que un saludo respetuoso y amable sería mucho más apreciado por el docente que una demostración de efusiva afectividad.
—Profesor, es un placer volver a verlo —dijo Aldo con una discreta inclinación de cabeza.
—¿Apreciando el desempeño de su hermana? —preguntó McLaggen de forma directa.
—Sí —respondió el pelirrojo.
—Tiene talento. Necesita un poco de disciplina. La joven Black-Thorne es demasiado impulsiva. Si ella consigue controlar su temperamento, al menos en el campo de batalla, podrá ser una auror competente en el futuro. Ése es el deseo de ella, ¿no?
Aldo asintió. Su rostro casi inexpresivo se traicionó por el brillo intenso que se notaba en sus iris verdes, reflejo de la satisfacción por el elogio dirigido a su hermana. Miró nuevamente hacia el entarimado, donde, conforme él ya se esperaba, el muchacho yacía en el suelo, mientras Betsy guardaba la varita en el interior de su túnica.
—Voy a llamarla para que la vea. Fue un placer volver a verlo, Black-Thorne —finalizó el profesor, mientras volvía al comedor.
Esta vez, la sorpresa y cierta gratitud no pudieron ser escondidas en el rostro del auror. No sabía que era tomado en tan alta estima por alguien como McLaggen, pues, si no fuera por eso, Betsy nunca habría sido liberada momentáneamente de la clase. Le debía mucho a McLaggen, mucho de lo que ahora es se lo debía al profesor y se sentía honrado por la reciprocidad del aprecio.
Betsy llegó con la cara colorada, la tez ligeramente brillante por el sudor provocado por el ejercicio, pero, aún así, no dejó que su aspecto le impidiese abrazar a su hermano, ni tampoco impidió que Aldo correspondiese a su abrazo.
—Qué bueno que estás aquí. Te eché de menos —dijo la joven, aún abrazándolo.
Aldebarán no dijo nada, sólo estrechó a su hermana más fuertemente, pero fue suficiente que Betsy se diera cuenta que él sentía lo mismo.
—Kamus continuará en Hogwarts —dijo él simplemente; después de todo, ésa había sido la razón por la que había venido a la escuela, el pedido de su hermana para que intercediese por su primo.
La joven se soltó del auror para mirarlo con una enorme sonrisa de gratitud. Ella sabía que siempre podría contar con Aldo, en los buenos y en los malos momentos, e inclusive en situaciones cuya lógica aparentemente no existía, como en el incidente de su primo.
—Gracias —dijo ella, de forma sincera y cariñosa.
Aldebarán le respondió con una inclinación de cabeza, agregando:
—Luchaste muy bien allá adentro.
La sonrisa de Betsy se amplió más y, aunque estaba inmensamente feliz con los elogios de su hermano mayor, pues conocía su carácter serio y exigente, no encontró las palabras exactas para expresar lo que sentía, sólo posó un beso en la mejilla de Aldo. Enseguida le dio la espalda al auror y se dirigió de vuelta al comedor, no sin antes completar:
—Debo irme, McLaggen sólo me dio cinco minutos para verte.
Mientras Elizabeth se alejaba, Aldebarán comenzó a aceptar que sus preocupaciones eran infundadas. Si su hermana menor lograba liberarse, o al menos minimizar las complicaciones que la unión de ella con Sinn acarrearía, Betsy podría convertirse en la auror que siempre ella soñó ser.



Saturday, April 12, 2008



Aquí va un nuevo capítulo para ustedes. Disfrútenlo y comenten por favor. Saludos.

6-Fraternidad

Dumbledore apoyó el mentón sobre los dedos entrelazados de sus manos, mientras observaba atentamente, sobre sus gafas de medialuna, la escena que se desarrollaba ante sus ojos.
Sentados a su izquierda, el matrimonio Lecter, ambos muy parecidos físicamente a su hijo, hablaban compulsivamente desde que entraron a la sala del director, siendo casi imposible distinguir las voces de cada uno. A su derecha, Aldebarán Black-Thorne miraba al director con los brazos cruzados sobre el pecho y la misma expresión austera que Dumbledore guardaba en la memoria desde la época en que el auror estudiaba en Hogwarts.
La situación que involucraba a Kamus Ivory y Stanford Lecter era bastante delicada, y el director sabía que debía tener tacto con los parientes de los alumnos, especialmente con los Lecter. Ya había pasado por situaciones como ésa varias veces; bueno, no exactamente como aquélla, pero similares. Y, muchos podían dudarlo, pero lidiar con padres rabiosos era tan difícil como tratar con políticos expertos en burocracia o inclusive luchar contra mortífagos.
Dumbledore se preparó para solicitar la palabra, opinando que el matrimonio Lecter ya había tenido tiempo suficiente para expresar todo el disgusto que sentían por lo ocurrido, pero su gesto fue interrumpido por leves golpes en la puerta.
—El señor Rigel Ivory está aquí y desea verlo, señor —dijo Filch, que apareció parcialmente por la puerta entreabierta.
—Puedes dejarlo pasar —asintió Dumbledore. Sospechaba que tarde o temprano Rigel Ivory acabaría apareciendo en esa reunión.
Un hombre moreno y de ojos azul medianoche entró imponentemente a la sala, saludando al director con una inclinación de cabeza. Sin siquiera mirar a los Lecter, se sentó en la silla al lado de Aldebarán, señalada por Dumbledore. El auror continuó en la misma posición, no movió siquiera un músculo ante la llegada de su primo, esperando el siguiente movimiento del director.
—Ahora que todos los responsables de los jóvenes Lecter e Ivory están aquí, creo que podemos comenzar a tratar sobre las repercusiones que el incidente en el Club de Duelos trajo —comenzó Dumbledore, con su acostumbrado tono sereno—. Conforme el profesor McLaggen me informó, los dos alumnos fueron designados a un duelo amistoso en el club. Stanford provocó a Kamus, insinuando que el joven era desleal con relación a sus familiares, lo que llevó a la reacción extrema de Kamus.
—¡Un ultraje! —exclamó Samuel Lecter, interrumpiendo al director, al mismo tiempo que golpeaba el escritorio de Dumbledore—. ¡Mi hijo está en la enfermería por culpa de ese... de ese... descontrolado!
—¡Exactamente! —intervino Lavinia Lecter, mientras se abanicaba vigorosamente con su abanico—. Mi bebé... mi pequeño lord fue destrozado por ese salvaje. Lo mínimo que usted puede hacer es expulsar a ese delincuente de la escuela.
Rigel miró de soslayo a la pareja, sin dejar de encontrar ligeramente divertida la actitud de los magos de la nobleza, que se aferraban a los títulos y al afectamiento típico de su clase para tratar de imponerse frente a los demás. Si su hijo era tan ridículo como sus padres, Kamus había hecho muy bien al tratarlo como lo hizo. Sin embargo, Ivory no dejó que sus emociones se reflejaran en su cara, y sólo dijo, con voz fría y calculada:
—Mi hermano no tiene la culpa si el hijo de ustedes es un papanatas incapacitado que no sabe defenderse en duelos inofensivos y ensayados en un club de escuela.
Samuel Lecter trató de abrir la boca para contestar a las afirmaciones del ruso, pero la mirada que le lanzó el líder del clan Ivory hizo que un espasmo involuntario le recorriera el cuerpo y que las palabras murieran a mitad de camino.
Aldebarán, que aún se mantenía callado desde que había comenzado la discusión, se pronunció finalmente.
—No estoy justificando lo que hizo mi primo Kamus, porque no hay disculpas para su comportamiento. Sin embargo, el hijo de ustedes tampoco es inocente en esta historia. De acuerdo con las palabras del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, él provocó a mi primo de forma despreciable. Cuestionó el honor de Kamus. Y Rigel está aquí para confirmar que nada es más importante para un Ivory que el honor. Pero la expulsión es una medida un tanto drástica. Son tiempos peligrosos, y dejar a un muchacho suelto por el mundo con tantas amenazas podría llevarlo a escoger un camino desafortunado. ¿No estás de acuerdo, primo?
—En absoluto, Aldebarán. Kamus jamás estará suelto solo por el mundo, él siempre me tendrá a mí. Y yo siempre estaré guiando a mi hermano por la senda correcta, no importa cuáles sean los sacrificios.
—Señores —Dumbledore decidió interrumpir, antes que la situación se agravase y que la reunión, en lugar de solucionar un problema, acabara creando otro—. Aunque tengan opiniones diferentes sobre cuál es la senda correcta para Kamus, estoy seguro que ambos concuerdan que lo mejor para él, por el momento, es quedarse en Hogwarts.
Aldebarán y Rigel asintieron en silencio, aunque reluctantes. Por más que discrepaban en varios puntos, los dos no llegaban a odiarse, sólo poseían visiones diferentes del mundo. Pero, en esos momentos, tenían una meta en común.
El director se acomodó discretamente los anteojos, volviéndose hacia el matrimonio Lecter, que enmudeció completamente desde que Rigel se pronunció por primera vez, comprendiendo, finalmente, que involucrarse en la discusión de los otros dos hombres era como meterse en medio de una manada de lobos.
—Entiendo perfectamente que ustedes deseen que el joven Ivory tenga el merecido castigo por lo que él hizo —continuó Dumbledore—. Y les garantizo que el escarmiento adecuado ya está siendo providenciado. Lo mismo digo con relación a su hijo. Con todo, creo que tanto Kamus como el joven Lecter ya tuvieron su merecida lección, y lo ideal sería darles una nueva oportunidad a los dos.



Friday, April 04, 2008



Para compensarlos por la ausencia, les pongo aquí el resto de este capítulo. Que lo disfruten y comenten, por favor. Saludos.

Anabelle logró alcanzar a Kamus recién cuando ya casi había llegado a las mazmorras. Corrió para salvar la distancia que los separaba y sujetó la muñeca del muchacho a tiempo de evitar que él desapareciese en la siguiente bifurcación del corredor.
—¿Estás loco? ¡¿Querías matar a Lecter por casualidad?!
Kamus la miró con ojos gélidos, pero aún así la joven no lo soltó.
—¿Lo echarías de menos, Timms? —dijo de forma tranquila, contrastando con el tono nervioso que Anabelle usó anteriormente.
Ella soltó su muñeca, los ojos almendrados chispeando de rabia.
—Escucha, Ivory. Desafortunadamente no todos tenemos el futuro asegurado después de dejar Hogwarts, yendo a fiestitas y gastando el dinero de papá y mamá. Algunos de nosotros necesitamos trabajar de verdad para conseguir lo que queremos. Esa porquería de club va a darme el crédito extra que necesito para garantizarme un puesto en San Mungo. ¡Si eres incapaz de tomar en serio el club, si para ti nada pasa a ser más que una oportunidad de montar un espectáculo, entonces sal de ahí y no me estorbes!
Kamus estrechó los ojos. Ahora sí ella había ido demasiado lejos. Sin ningún aviso y antes que Timms pudiera darse cuenta de lo que él estaba haciendo, Ivory sujetó uno de los brazos de la joven y con la otra mano la empujó contra la pared. Anabelle soltó un gemido de dolor cuando su espalda chocó con fuerza contra la pared de piedra. Abrió los ojos de par en par y se deparó con el rostro de Ivory extremadamente cerca al suyo. Se debatió, tratando de librarse de él, pero fue inútil. Kamus usaba su propio cuerpo para mantenerla presa y todo lo que Anabelle consiguió fue torcer la muñeca cuando trató de librar su brazo izquierdo de la mano de él. La respiración de la joven comenzó a agitarse y había recelo en su rostro cuando volvió a mirar a Ivory, que, al contrario que ella, se mantenía inalterable. Después de haberlo visto a punto de lanzar una Maldición Imperdonable en Stanford Lecter, Anabelle ahora tenía miedo.
—No hables de esa manera, Timms, como si supieras algo de mí —dijo Kamus con voz baja y pausada. Estaba tan cerca de ella que la joven hasta podía sentir su aliento.
—¡Me estás lastimando, maldito bastardo! —gritó ella.
Los ojos de Ivory se desviaron momentáneamente del rostro de Anabelle hasta la muñeca izquierda de ella, y entonces volvió a mirarla a la cara. Tardó unos segundos más en hablar nuevamente.
—Excelente. Ésa era justamente mi intención.
Kamus soltó a la joven inmediatamente y le dio la espalda, siguiendo el camino interrumpido por el corredor y sin mirar atrás.
Anabelle permaneció aún con el cuerpo recostado contra la pared, la respiración entrecortada, como si hubiese salido recién de una difícil batalla. Se llevó la mano derecha a la muñeca, que había comenzado a dolerle. Parpadeó repetidamente, tratando de evitar derramar lágrimas de dolor, miedo y rabia.

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Elizabeth movía y removía con la cuchara la polenta prácticamente sin tocar de su cuenco. Miró nuevamente hacia la mesa de Slytherin. No había ninguna señal de Kamus ni tampoco de Stan, que aún debía estar siendo tratado en la enfermería. Era obvio que la escuela entera ya sabía lo sucedido entre los dos. El murmullo eléctrico que recorría el salón era un reflejo palpable de ello. Y la ausencia de Kamus sólo logró aumentar la inquietud de los estudiantes, llevando a las más absurdas hipótesis sobre lo que le habría sucedido en realidad. La más absurda de todas decía que el ruso invadió la enfermería para tratar de “terminar el trabajo”, pero que fue sorprendido por un escuadrón de aurores convocado por el director para proteger al irlandés y que, después de una férrea batalla, los aurores llevaron al joven bajo custodia a Azkaban. Betsy sacudió la cabeza al oír eso. Era todo una completa estupidez. Probablemente Dumbledore sólo le había exigido al joven que se ausentase del comedor para no provocar un lío aún mayor de lo que ocurrió el día anterior.
La joven hechicera fue sacada de sus elucubraciones al sentir una mano posarse sobre su hombro. Levantó los ojos, encontrándose con el rostro afligido de su novio, Maxwell Sinn. Nunca antes lo había visto así.
—Acabo de venir de la enfermería y pude comprobar el estado lamentable en que lo dejó el animal de tu primo a Stan.
Elizabeth no respondió, se levantó silenciosamente de la mesa de Gryffindor al notar que toda la atención del comedor estaba puesta sobre ella y su prometido. Se colgó la mochila al hombro, diciendo con voz firme e impasible:
—Salgamos de aquí. Si vamos a hablar sobre esto, que sea en privado.
Maxwell trató de abrir la boca para contestar, pero Elizabeth ya estaba a mitad de camino hacia la salida del comedor, por lo que no le quedó otra opción más que seguir a su prometida. La pareja entró a la primera aula vacía que encontraron. Betsy se volvió hacia su novio, cruzando los brazos y mirando a Maxwell con la misma mirada impasible que usó en el salón. Comprendía la situación y el dolor de él por lo que le ocurrió a su amigo; sin embargo, ella creía que Max debería haber tenido más tacto al lidiar con la situación. Por lo menos, así fue enseñada a hacerlo.
—No sé cómo actúan los Sinn, Maxie, pero no me parece adecuado discutir temas de familia enfrente de extraños.
—¿Temas de familia? —el joven no pudo contenerse, exaltándose como raras veces lo hacía—. Ivory es tu primo, no mío. Lo que le hizo al pobre de Stan es imperdonable.
Aun ante la explosión de Maxwell, Elizabeth mantuvo la misma postura seria que adoptó desde el inicio de la conversación.
—Para comenzar —dijo ella—, a partir del momento en que nos comprometimos, Kamus pasó a ser tu primo también. Segundo, tú conoces a Lecter mucho mejor que yo para saber que él hizo o dijo algo para que Kamus reaccionara de esa forma.
—¿Por casualidad estás del lado de Ivory? —replicó Sinn con brusquedad, sintiéndose inmensamente ofendido con las palabras de ella—. Eres mi prometida, deberías apoyarme a mí.
Betsy dejó la mochila al suelo, acercándose a Maxwell. Entendía cómo se sentía su novio. Si algo parecido le hubiese sucedido a Marion, tal vez ella estaría tan trastornada como lo estaba Max. Colocó suavemente una mano sobre el rostro de Maxwell, diciendo:
—No estoy del lado de nadie, Maxie. No estoy justificando a Kamus ni tampoco retirándote mi apoyo. Sólo quiero la solución más justa —y, poniéndose de puntillas, lo besó.
Después que sus labios se separaron, Maxwell colocó la cabeza sobre el hombro de Elizabeth, sujetándola por la cintura. Cerró los ojos, sintiendo los dedos de la joven enredarse entre su cabello negro. Era realmente lamentable lo que le había ocurrido a Stan. El irlandés era un amigo fiel y bastante útil. Sin embargo, en ese momento, Max se dio cuenta que aquella tragedia podría convertirse en un triunfo para él. Si su prometida creía que él se sentía frágil y afligido (más de lo que efectivamente estaba), sería mucho más fácil solidificar el control que anhelaba tener sobre ella.

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A medida que fue transcurriendo el día, la menor de los Black-Thorne comenzó a quedarse verdaderamente preocupada por el destino de su primo Kamus. El ruso no había aparecido en ninguna de las clases que coincidían y nadie parecía saber qué había sido de él después del encuentro en el Club de Duelos. ¿Será que habría sido expulsado de Hogwarts? Ella no podía culpar a Dumbledore si ésa hubiese sido su decisión final, pues, al fin y al cabo, el estado en que Kamus había dejado a Lecter no era de los mejores. Betsy tenía esperanzas de que su carta hubiese llegado a Aldebarán antes del veredicto final del director de la escuela. O tal vez estaría siendo demasiado precipitada en sus conclusiones.
Miró de reojo a su novio, que, silenciosamente, colocaba en el caldero los últimos ingredientes de la poción que Slughorn les había asignado ese día. El director de Slytherin no comentó nada sobre el incidente, aunque no tenía en el rostro su habitual sonrisa zalamera. Su ceño estaba fruncido y parecía preocupado. Max, por su parte, parecía haberse calmado después de la conversación que tuvo con su prometida al comienzo de la mañana. Betsy decidió pasar la máxima cantidad de tiempo posible con él para confortarlo, y Marion, aunque antipatizaba con él, dígase de pasada con cierta razón, comprendió que hasta Maxwell Sinn merecía un poco de compasión y solidaridad en una situación como ésa.
Elizabeth volteó discretamente el rostro para ver cómo su mejor amiga y compañera de laboratorio estaba arreglándoselas sin ella, cuando, inadvertidamente, sus ojos se posaron sobre una exuberante morena sentada en el rincón opuesto del salón. Una idea se formó en la mente de Betsy. Si había alguien que tal vez supiese del destino de Kamus, ciertamente sería esa joven.
Después de ser dispensados por Slughorn, Elizabeth juntó sus cosas, observando detenidamente los movimientos de la otra joven.
—¿No vienes, querida? —preguntó Maxwell.
—Ahora no, Maxie, puedes adelantarte. Tengo algunas cosas que resolver. Nos encontramos más tarde, en la cena, ¿te parece?
—Claro —respondió él, depositando un beso en los labios de su prometida antes de irse.
La mazmorra ya estaba casi completamente vacía cuando la morena se levantó para salir. Hasta Slughorn se había ido para el interior del recinto, en busca de los ingredientes a ser usados en la clase siguiente.
—Bellatrix —llamó Elizabeth.
La otra se volvió. Llevándose el cabello hacia atrás, miró a Betsy con su acostumbrada expresión de superioridad.
—¿A qué debo el honor? Después de todo, no es siempre que mi estimada prima Elizabeth se digna a hablar conmigo —respondió la morena, con un acento sarcástico.
Elizabeth trató de mantenerse seria frente a la provocación. Si no fuese por la gravedad de la situación, ciertamente evitaría tratar directamente con su prima de segundo grado. Ese carácter presuntuoso de Bellatrix la irritaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.
—Sólo quería saber si tenías noticias de Kamus —respondió secamente.
Los labios carmín de Bellatrix se curvaron en deleite. Si a Elizabeth no le gustaba su prima, ella tampoco nutría simpatía por la integrante de Gryffindor. Ese carácter correcto y educado de la pelirroja era enfadoso y aburrido, no encajaba con la posición destacada y superior que cualquiera que tuviera un mínimo rastro de sangre Black en las venas debería mostrar. Era una verdadera pena que la joven fuera tan diferente a Ludovic. Él sí tornaba las cosas mucho más interesantes y divertidas. Pero, por el momento, tenía que contentarse con bromear un poco con su hermana.
—¿Y por qué debería saberlo? —respondió la morena, encogiéndose de hombros, desdeñosamente.
—Porque es nuestro primo y también de la misma Casa que tú.
Bella continuó sonriendo irónicamente a Elizabeth, mientras enredaba jocosamente un mechón de cabello en su dedo.
—¿Sabes que te ves patética cuando comienzas a hablar sobre nuestra familia? Hasta pareces la tía Walburga, o inclusive la prima Marguerite. ¡Qué irritante! ¿Sabes? No sé si tu novio se alegraría de ver tanto interés por Kamus...
Betsy cruzó los brazos sobre el pecho. Sus ojos se estrecharon peligrosamente.
—Maxwell no tiene absolutamente nada de qué quejarse por mi conducta, sea en relación a Kamus o cualquier otra persona. No sé si tu novio puede decir lo mismo, ¿verdad, Bellatrix?
La morena puso los ojos como platos, realmente sorprendida. No se esperaba una reacción como ésa de su prima “mosca muerta”. Tal vez aún hubiese una esperanza para Elizabeth. Después de todo, ella aún era una Black. Su reacción había probado eso.
—No sé nada —respondió Black, por fin.
—Gracias —dijo la pelirroja, más por educación que por gratitud, saliendo rápidamente del aula.
Betsy llegó con pasos fuertes hasta la torre de Gryffindor. No sabía qué le irritaba más, si la actitud de Bellatrix o el hecho de dejarse afectar por ella. ¿Será que realmente se parecía cada día más a su prima Walburga o hasta a su madre? Preocuparse por la familia no le parecía algo malo, por lo menos no por aquellos que creía que valía la pena preocuparse. Si Bellatrix explotaba algún día, desde el punto de vista de la pelirroja, estaría haciéndole un inmenso favor a la humanidad. Pero, ¿por qué Kamus era diferente? No podía decirlo. Nunca convivió con su primo íntimamente, ni siquiera en los siete años de escuela. Pero había una inexplicable certeza para ella de que él era alguien de valor. Y Betsy fue enseñada, desde niña, a escuchar lo que su intuición le decía. Las raras veces que se equivocó fue por dejarse nublar por lo sentimientos conflictivos que hicieron bajar el volumen de la voz de su conciencia que trataba de avisarle cuándo estaba equivocada.
Cansada, se dejó caer sobre su cama, en su dormitorio. Fue cuando sintió algo incómodo en su espalda. Se levantó, viendo que sobre la cama había una carta con el sello de los Black-Thorne. "¡Aldebarán!", pensó para sí misma. Probablemente su lechuza había vuelto más temprano y Marion había recibido la carta por ella, una vez que Temis, su lechuza, reconoció a su mejor amiga como alguien de plena confianza.
Abrió el lacre con ansiedad. Había acertado. La letra firme de su hermano llenaba completamente el pergamino.

Hermana mía:
Conociéndote como te conozco, creo que ya estás afligida por no tener noticias mías o de Kamus. No sé si esta misiva te traerá a ti las noticias que esperas. Envié una lechuza a Dumbledore apenas recibí tu carta. La situación de Kamus no es muy buena y su destino aún es incierto.
Los padres de Lecter aún están fuera del país y recién volverán a comienzos de la semana que viene. Ya fue marcada una reunión entre ellos y el director, en la cual yo también participaré.
En este intervalo de tiempo, Dumbledore, en acuerdo con el profesor McLaggen y el profesor Slughorn, decidieron suspender a Kamus en todas las clases, así como en las actividades extracurriculares, específicamente el Club de Duelos. Fue puesto en aislamiento en una de las mazmorras, ya adaptada como aposento adecuado. Ese aislamiento es menos un castigo y más una precaución sobre posibles represalias por parte de los amigos de Lecter. No es específicamente para protección de Kamus, que, por lo que me contaste, sabe defenderse muy bien, sino para evitar que el incidente traiga complicaciones aún mayores. Por añadidura, también fueron descontados puntos a Slytherin, pero creo que eso era más que esperado.
El profesor Dumbledore es un hombre sensato, tal vez uno de los más sensatos que he conocido, así que te ruego que te quedes tranquila. Todo se solucionará de la manera más justa.
Tu hermano Aldebarán.


Betsy se dejó caer nuevamente sobre la cama. Estaba exhausta, pero también aliviada con las palabras de su hermano. Aldo tenía razón, tenía que confiar en el juicio de Dumbledore. Lo que ella pudo hacer por su primo ya lo hizo. Y, más que confiar en el buen sentido del director de Hogwarts, confiaba en la capacidad de su hermano mayor de interceder por su primo hasta el punto en que le parecía correcto.





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CRÉDITOS

TRADUCCIÓN:Corina Frasier












Este blog es un fanfiction inspirado en los libros de Harry Potter. Nuestra historia comienza en los años 70, el tiempo de la primera guerra mágica. Nuestros personajes son originales, inspirados por el universo de JK Rowling.

NICHOLAS DANIEL JOHNSON


Escritor muggle de libros de fantasía y ficción. Sus padres, Richard y Mary, eran profesores de literatura inglesa, lo que tal vez haya influenciado a Nicholas en su elección profesional. Ambos murieron en un accidente de tráfico al regresar de una conferencia en una noche lluviosa, cuando Nicholas tenía doce años. Fue criado por su hermano mayor, Robert Johnson.


ELIZABETH ASTREA BLACK-THORNE JOHNSON


Heredera de una ultra tradicional y conservadora familia de magos, los Black-Thorne, Elizabeth nunca aprobó las ideas tradicionalistas de sus padres, siempre entrando en serios conflictos con ellos, especialmente con su madre, Marguerite. Cuando era estudiante perteneció a Gryffindor, hecho que generó una nueva desavenencia entre ella y su familia. Es alegre, valerosa e intrépida. Trata con igual simpatía a muggles, magos y mestizos. Es más, su mejor amiga, Marion Peterson, es hija de muggles. Cuando se graduó en Hogwarts decidió ser auror como su hermano Aldebarán, a quien mucho admira.


ALDEBARÁN AURELIUS BLACK-THORNE


Hijo primogénito de Pericles y Marguerite, Aldebarán siempre tuvo una personalidad introvertida. Raramente sonríe a no ser en presencia de su hermana menor, a quien le profesa un gran amor. No aprueba las ideas de sus padres sobre la pureza racial entre los magos y siempre trata con igual deferencia a muggles, magos y mestizos. Cuando estudiaba en Hogwarts perteneció a Ravenclaw. Es un hombre justo y valiente.


FRIDA WITOSLAWA GRYGIEL


Es una bruja de origen polaco y estudió en Durmstrang de joven. Se mudó a Inglaterra poco después de graduarse. Es una mujer elegante, educada y distinguida.


LUDOVIC SEDARIUS ERÍDANO BLACK-THORNE


Hijo del medio del matrimonio Black-Thorne, Ludovic siempre fue el preferido de sus padres exactamente por ser el único de la prole que aprobaba incondicionalmente las ideas paternas acerca de la purificación de la raza mágica. Perteneció a Slytherin cuando estudió en Hogwarts. Después de graduarse se hizo mortífago. Ludovic es uno de los más inescrupulosos, perversos y amorales siervos de Voldemort y uno de sus principales asesinos y torturadores.


ALEXANDER Y GABRIELA SINCLAIR


Gryffindor en los tiempos de Hogwarts, Alex era conocido por su coraje e integridad. Se volvió auror después de graduarse, pero por amor a su esposa abandonó el empleo y se volvió instructor de la Academia de Aurores. Es uno de los mejores amigos de Aldo.
Gabriela nació en Perú y se mudó a Inglaterra para trabajar con su hermano mayor. Muggle, siempre tuvo dificultades en aceptar y lidiar con el mundo mágico, pues iba en contra del temperamento racional que ella cultivó durante años. Es una mujer cariñosa pero de genio fuerte.


LUCY REINFIELD


Miembro de Hufflepuff en época del colegio, vio a sus padres ser asesinados por mortífagos cuando tenía once años de edad; escapó gracias a que estuvo escondida y su madre logró distraer a los siervos de Voldemort. Sin otros parientes vivos, Lucy pasó a estar bajo la tutela de Bartemius Crouch, amigo de largo tiempo de su padre y que terminó ocupando efectivamente el cargo que sería de Reinfield. Cuando se graduó en Hogwarts, Lucy trató de entrar a la Academia de Aurores, pero suspendió los exámenes físicos. Fue gracias al "tío Barty" que Lucy consiguió el puesto de secretaria en el Cuartel General de Aurores.


* Harry Potter, nombres, personajes, lugares y demás hechos relacionados son propiedad de J.K. Rowling, Warner Bros, Bloomsbury, Scholastic, etc.
* Este sitio no posee fines comerciales ni de lucro.



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