Saturday, February 23, 2008



Bueno, aquí les pongo la última parte de este nuevo capítulo. En mi opinión es una de las mejores, me encanta esta escena; espero que la disfruten tanto como yo y comenten, por favor, ya sea para decir un simple "me gustó". Saludos.

Elizabeth se recostó contra una de las columnas del Gran Comedor, ahora adaptado para el encuentro del Club de Duelos. Stanford Lecter iba retrasado. No es que fuera una sorpresa para ella, conocía lo suficiente al amigo de su prometido para saber que haría algo por el estilo. Sería realmente genial que él faltase a la reunión, quién sabe si así el profesor McLaggen no cambiaría de idea y la cambiaría de dupla. Cualquier otro era mejor que ese irlandés engominado. Pero las esperanzas de Betsy se desvanecieron al verlo cruzar las puertas del salón y dirigirse hacia ella.
—Buenas tardes, Black-Thorne —saludó el joven.
—Pensé que no vendrías más —respondió ella, seca.
—¿Cómo podría perderme una oportunidad como ésta, querida mía, de compartir un evento social tan importante con nuestros más distinguidos colegas? —replicó él trivialmente.
Elizabeth lo miró de forma incisiva y reprobadora. ¿Acaso Lecter creía que estaba en un baile o en un té entre nobles? McLaggen había dejado más que claro que eso no era un juego. Se limitó a decir:
—Necesitas tomar más en serio el club, Lecter, o vas a terminar saliendo herido.
El irlandés esbozó una sonrisita burlona.
—Si es tan peligroso así, mi querida, nuestro distinguidísimo profesor McLaggen no debería haber dejado que tantas chicas indefensas participaran en el club.
Los dientes de Elizabeth rechinaron de rabia. Apretó con fuerza la varita que tenía en el bolsillo de la túnica. Por muy poco tuvo que refrenarse para no hechizar al idiota.
—¿Por casualidad has olvidado que tu pareja de club es una de esas “chicas indefensas” a quien tú te refieres? —dijo ella, de forma abiertamente agresiva.
Stan fingió no notar el tono de voz de Elizabeth. Continuó sonriendo y agregó:
—Por eso mismo, Black-Thorne, déjalo todo en mis manos cuando comencemos a duelar. Ciertamente nos irá muy bien si seguimos mi comando.
La pelirroja respiró hondo para contenerse, no quería armar un lío, no podía arriesgarse a que McLaggen la expulsase del salón sin al menos participar en la reunión. Aquello era demasiado importante para ella para echar todo a perder a causa de los estúpidos comentarios de Lecter. Betsy no podía hacer nada contra él, ni creía que valía la pena hacerlo, pero la bocota de Stan lo metería en un problema bien grande tarde o temprano.
Cuando Tiberius McLaggen se adentró al Gran Comedor de Hogwarts, los estudiantes callaron rápidamente. El profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras poseía un humor irascible y una rigidez extrema, emanando un aura de autoridad casi incuestionable. Aquellos que no le temían, tenían por él gran respeto y admiración.
McLaggen caminó directamente hasta el palco armado en el centro del recinto, donde serían realizadas las prácticas de duelos. Cruzó los brazos detrás de la espalda, observando silenciosamente a los alumnos durante unos segundos antes de hablar.
—Estoy satisfecho por ver que la mayoría de ustedes entendió la gravedad de la situación fuera de los portones del castillo y decidió continuar con nuestros encuentros —la voz grave de McLaggen inundó el salón—. No tenemos tiempo que perder, por lo tanto, pasaremos directamente a la práctica. Quiero evaluar los puntos fuertes de cada uno de ustedes, aprenderán de sus propios errores y los de los demás para que tengan herramientas suficientes para que puedan sobrevivir fuera de aquí.
—¡Cuánto drama! —susurró Stan bajito, cerca del oído de Elizabeth.
McLaggen le lanzó una mirada fulminante al irlandés, quien enmudeció inmediatamente. Si había algo que el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras no admitía era que no tomasen en serio sus afirmaciones. No era un hombre de llevar las palabras a la ligera.
—¿Algún problema, Lecter? ¿O mi discurso le está aburriendo?
—No... no, profesor —balbuceó el alumno—. Sólo estaba comentándole a Black-Thorne cuánta razón tiene usted.
McLaggen continuó mirando al irlandés con severidad, sabía que le estaba mintiendo.
—Bien, señor Lecter, tal vez pueda usted ser útil aquí y demostrarles a sus colegas cómo se hace un duelo de magos.
—¡Claro! —respondió Stan, retomando su acostumbrada postura arrogante—. Será un gran placer.
Antes de subir a la plataforma, el heredero de los Lecter no desaprovechó la oportunidad de exhibirse nuevamente, volviéndose hacia Elizabeth y diciendo:
—Mira y observa, Black-Thorne. Quién sabe si no aprendes algo observando al maestro aquí.
Betsy puso los ojos en blanco. Era lamentable que tuviese como dupla a un idiota como ése. Si continuaba así, sus esfuerzos de aprendizaje en el club serían seriamente perjudicados, pero, lamentablemente, no había nada que ella pudiese hacer.
—Ahora vamos a escoger a su oponente —continuó McLaggen, mientras veía entre la multitud a quién podía llamar.
—¿Puedo hacer una sugerencia? —interrumpió Stan.
—Está bien, Lecter. ¿Prefiere luchar con alguien en especial? ¿Tal vez con su dupla?
—No, profesor, creo que hay alguien aquí que sería ideal para una verdadera demostración de lo que es un duelo de magos —el joven sonrió maliciosamente—. Me gustaría llamar a Kamus Ivory.
Anabelle Timms levantó la mirada, observando al joven a su lado. El ruso no esbozó reacción alguna al oír su nombre. No podía negar que realmente él era el señor Figura Intocable de Hielo.
—Pues bien —asintió McLaggen—. Acérquese, Ivory.
Kamus subió tranquila y silenciosamente a la plataforma, mientras Lecter continuaba esbozando su burlona sonrisa. Aquélla era la oportunidad perfecta para hacer que Ivory pagase con el mismo galeón la humillación que le había hecho pasar a principios del año escolar. El incidente del tren aún lo tenía atascado en la garganta. Derrotar al ruso frente a los demás colegas sería la venganza perfecta.
—Caballeros —comenzó McLaggen—. Aunque estén aquí para aprender a defenderse, y aún sabiendo que los enemigos exteriores no demostrarán honor ni cortesía, pido que las reglas de etiqueta de duelos sean respetadas aquí. Pueden comenzar.
Kamus y Stan se colocaron de espaldas, dando cada uno siete pasos en direcciones opuestas. Antes incluso de que terminaran de contar, el irlandés se volvió y lanzó un Everte Statum no verbal en dirección a Ivory. Esperaba cogerlo desprevenido, sería deliciosamente divertido ver al ruso volar salón afuera, pensó para sí mismo.
Sin embargo, las esperanzas de triunfo fueron destrozadas ante el rápido reflejo de Kamus, que, reconociendo inmediatamente el hechizo conjurado, se protegió con un escudo invisible generado por un Protego, también no verbal.
Stanley dejó escapar una mueca de disgusto y rabia. No esperaba que el otro descubriese tan fácilmente su embestida. Tendría que ser más rudo si quería ver su esperanza concretada, pero ¿qué podía hacer para herir a su oponente? Tendría que ser algo efectivo y al mismo tiempo patético. Recorrió el salón con la mirada, tratando de ignorar las miradas de burla que algunos alumnos le dirigían, hasta que, en un punto abierto en medio de la multitud que rodeaba la plataforma, notó que algunas sillas estaban alineadas. Era perfecto.
"¡Waddiwasi!", pensó el irlandés con fuerza, mientras una de las sillas volaba a una increíble velocidad en dirección a Kamus Ivory, que, aburrido, ni se preocupó en esconder qué hechizo usaría para defenderse.
Deleterius —pronunció el ruso fríamente.
La silla se deshizo casi por completo en pleno aire y algunos pedazos restantes cayeron a los pies de Kamus.
—Y entonces, Lecter, ¿aún quieres continuar o ya te cansaste de esta payasada? —preguntó, manteniendo sus ojos tan fríos como su voz.
El irlandés apretó los puños, tratando de contener el enorme odio que latía dentro de él, mientras algunas carcajadas se oían en el espacioso recinto. Stanley bufó repetidas veces mientras trataba de acomodarse el cabello, empapado de sudor, que comenzaba a caerle desordenadamente sobre los ojos. Echó la cabeza hacia atrás y se irguió, tratando de retomar su pose de “lord”. No sería humillado nuevamente por el cretino de Ivory. Todo era cuestión de desconcentrarlo para poder revertir la situación, y él sabía exactamente qué decir para hacer que el ruso dejase caer su pretendida máscara glacial y mostrase su punto débil.
—¿Estás hablando de payasadas, Ivory? Bien típico de ti. Veo que nos ves a todos nosotros como un circo para divertirte cuando te place... no tienes respeto por nada, ni por nadie, principalmente por tu familia... Apuesto a que te vas a dormir todas las noches riéndote de tus parientes rusos, mientras de dejas ensuciar por los labios y las manos inmundas de esa paria mestiza que te está ayudando en ese clubcito de duelos —dijo el irlandés entre dientes, de modo que sólo Kamus y el que estuviera cerca pudiera escuchar, al mismo tiempo que arremetía una segunda silla en dirección a Anabelle Timms.
La joven, por suerte, consiguió esquivarla en el último segundo, siendo jalada por un compañero que estaba a su lado, cayendo los dos en el suelo. Anabelle se levantó irritada, maldiciendo por lo bajo, pero se mantuvo en el mismo lugar de antes, mientras los demás alumnos se apartaban de ella, temiendo una nueva represalia de Lecter.
McLaggen se acercó a los dos contrincantes para reprender al irlandés y acabar con la lucha, pero no fue lo suficientemente rápido. Un flash de luz inundó el salón y el cuerpo de Stanford fue violentamente arrojado a la esquina opuesta de la plataforma por un bien aplicado Everte Statum de Kamus. El joven herido cayó pesadamente sobre su brazo, soltando un gemido de dolor.
Lecter levantó la cabeza, y aún con la vista borrosa por las lágrimas que se formaron en los ojos, logró divisar la figura del ruso, que se aproximaba con la varita en ristre. El irlandés sintió una punzada de terror en la boca del estómago. Aunque su rostro no lo demostraba, los ojos de Ivory revelaban una furia desmedida. Kamus parecía un enorme oso que se erguía, imponente, sobre su indefensa presa.
Stan sintió un dolor lacerante en su pierna izquierda. Al mirar hacia abajo, notó que un hilo de sangre salía por el rasguño del pantalón, empapando la tela. El ruso lo había herido con un Laminus, el hechizo que imitaba a la estocada de una espada.
—¡Ya basta, Ivory! —gritó McLaggen, pero la voz del profesor fue ahogada por los gritos asustados de varios alumnos.
Lecter sintió su cuerpo nuevamente arrojado en el aire, mientras una segunda estocada del Laminus perforaba el espacio entre una de sus costillas. Esta vez el irlandés fue incapaz de gritar, desmayándose antes de aterrizar a los pies de Anabelle. La joven se cubrió la boca con una de las manos y retrocedió unos pasos, estupefacta al ver la sangre de Stan que empapaba el piso del salón y que llegaba hasta sus pies.
Kamus descendió de la plataforma, los demás alumnos se apartaron para dejarle paso hasta donde Lecter y Anabelle se encontraban. En su interior, todos sabían que el irlandés estaría perdido cuando el otro muchacho lo alcanzase, pero ninguno estaba dispuesto a interponerse en el camino de Ivory.
El ruso se acercó a su oponente, levantando al joven desmayado por el cuello de la camisa. En el breve instante en que los ojos castaños de Anabelle miraron el rostro contorsionado de Stan, un pensamiento fugaz y desesperado pasó por su mente: "¡Va a matarlo!".
Una luz verde emanaba de la punta de la varita de Kamus... él no era el tipo de persona que dejaba algo inacabado, no era ese el modo como los Ivory hacían las cosas, no fue así como su hermano le había enseñado. El ruso estaba dispuesto a terminar todo allí, en ese momento, cuando sintió entonces la pesada mano de McLaggen en su hombro.
—No querrás hacer eso, jovencito, no con toda esta gente mirando. Terminarás en Azkaban. Baja esa varita, Ivory.
Kamus apartó la mirada del irlandés para mirar a McLaggen. El profesor tenía una mirada dura y apretaba con fuerza su hombro, la varita también en ristre. El joven vio entonces que su oportunidad de finalizar el duelo estaba perdida, un movimiento en falso y McLaggen lo paralizaría... Si al menos hubiese sido unos segundos más rápido...
Soltó entonces a Stanford, dejándolo caer al suelo como un saco de papas. Entonces, sin preocuparse en mirar atrás, el ruso se dirigió hacia la salida sin encontrar impedimentos.





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CRÉDITOS

TRADUCCIÓN:Corina Frasier












Este blog es un fanfiction inspirado en los libros de Harry Potter. Nuestra historia comienza en los años 70, el tiempo de la primera guerra mágica. Nuestros personajes son originales, inspirados por el universo de JK Rowling.

NICHOLAS DANIEL JOHNSON


Escritor muggle de libros de fantasía y ficción. Sus padres, Richard y Mary, eran profesores de literatura inglesa, lo que tal vez haya influenciado a Nicholas en su elección profesional. Ambos murieron en un accidente de tráfico al regresar de una conferencia en una noche lluviosa, cuando Nicholas tenía doce años. Fue criado por su hermano mayor, Robert Johnson.


ELIZABETH ASTREA BLACK-THORNE JOHNSON


Heredera de una ultra tradicional y conservadora familia de magos, los Black-Thorne, Elizabeth nunca aprobó las ideas tradicionalistas de sus padres, siempre entrando en serios conflictos con ellos, especialmente con su madre, Marguerite. Cuando era estudiante perteneció a Gryffindor, hecho que generó una nueva desavenencia entre ella y su familia. Es alegre, valerosa e intrépida. Trata con igual simpatía a muggles, magos y mestizos. Es más, su mejor amiga, Marion Peterson, es hija de muggles. Cuando se graduó en Hogwarts decidió ser auror como su hermano Aldebarán, a quien mucho admira.


ALDEBARÁN AURELIUS BLACK-THORNE


Hijo primogénito de Pericles y Marguerite, Aldebarán siempre tuvo una personalidad introvertida. Raramente sonríe a no ser en presencia de su hermana menor, a quien le profesa un gran amor. No aprueba las ideas de sus padres sobre la pureza racial entre los magos y siempre trata con igual deferencia a muggles, magos y mestizos. Cuando estudiaba en Hogwarts perteneció a Ravenclaw. Es un hombre justo y valiente.


FRIDA WITOSLAWA GRYGIEL


Es una bruja de origen polaco y estudió en Durmstrang de joven. Se mudó a Inglaterra poco después de graduarse. Es una mujer elegante, educada y distinguida.


LUDOVIC SEDARIUS ERÍDANO BLACK-THORNE


Hijo del medio del matrimonio Black-Thorne, Ludovic siempre fue el preferido de sus padres exactamente por ser el único de la prole que aprobaba incondicionalmente las ideas paternas acerca de la purificación de la raza mágica. Perteneció a Slytherin cuando estudió en Hogwarts. Después de graduarse se hizo mortífago. Ludovic es uno de los más inescrupulosos, perversos y amorales siervos de Voldemort y uno de sus principales asesinos y torturadores.


ALEXANDER Y GABRIELA SINCLAIR


Gryffindor en los tiempos de Hogwarts, Alex era conocido por su coraje e integridad. Se volvió auror después de graduarse, pero por amor a su esposa abandonó el empleo y se volvió instructor de la Academia de Aurores. Es uno de los mejores amigos de Aldo.
Gabriela nació en Perú y se mudó a Inglaterra para trabajar con su hermano mayor. Muggle, siempre tuvo dificultades en aceptar y lidiar con el mundo mágico, pues iba en contra del temperamento racional que ella cultivó durante años. Es una mujer cariñosa pero de genio fuerte.


LUCY REINFIELD


Miembro de Hufflepuff en época del colegio, vio a sus padres ser asesinados por mortífagos cuando tenía once años de edad; escapó gracias a que estuvo escondida y su madre logró distraer a los siervos de Voldemort. Sin otros parientes vivos, Lucy pasó a estar bajo la tutela de Bartemius Crouch, amigo de largo tiempo de su padre y que terminó ocupando efectivamente el cargo que sería de Reinfield. Cuando se graduó en Hogwarts, Lucy trató de entrar a la Academia de Aurores, pero suspendió los exámenes físicos. Fue gracias al "tío Barty" que Lucy consiguió el puesto de secretaria en el Cuartel General de Aurores.


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