Friday, April 04, 2008



Para compensarlos por la ausencia, les pongo aquí el resto de este capítulo. Que lo disfruten y comenten, por favor. Saludos.

Anabelle logró alcanzar a Kamus recién cuando ya casi había llegado a las mazmorras. Corrió para salvar la distancia que los separaba y sujetó la muñeca del muchacho a tiempo de evitar que él desapareciese en la siguiente bifurcación del corredor.
—¿Estás loco? ¡¿Querías matar a Lecter por casualidad?!
Kamus la miró con ojos gélidos, pero aún así la joven no lo soltó.
—¿Lo echarías de menos, Timms? —dijo de forma tranquila, contrastando con el tono nervioso que Anabelle usó anteriormente.
Ella soltó su muñeca, los ojos almendrados chispeando de rabia.
—Escucha, Ivory. Desafortunadamente no todos tenemos el futuro asegurado después de dejar Hogwarts, yendo a fiestitas y gastando el dinero de papá y mamá. Algunos de nosotros necesitamos trabajar de verdad para conseguir lo que queremos. Esa porquería de club va a darme el crédito extra que necesito para garantizarme un puesto en San Mungo. ¡Si eres incapaz de tomar en serio el club, si para ti nada pasa a ser más que una oportunidad de montar un espectáculo, entonces sal de ahí y no me estorbes!
Kamus estrechó los ojos. Ahora sí ella había ido demasiado lejos. Sin ningún aviso y antes que Timms pudiera darse cuenta de lo que él estaba haciendo, Ivory sujetó uno de los brazos de la joven y con la otra mano la empujó contra la pared. Anabelle soltó un gemido de dolor cuando su espalda chocó con fuerza contra la pared de piedra. Abrió los ojos de par en par y se deparó con el rostro de Ivory extremadamente cerca al suyo. Se debatió, tratando de librarse de él, pero fue inútil. Kamus usaba su propio cuerpo para mantenerla presa y todo lo que Anabelle consiguió fue torcer la muñeca cuando trató de librar su brazo izquierdo de la mano de él. La respiración de la joven comenzó a agitarse y había recelo en su rostro cuando volvió a mirar a Ivory, que, al contrario que ella, se mantenía inalterable. Después de haberlo visto a punto de lanzar una Maldición Imperdonable en Stanford Lecter, Anabelle ahora tenía miedo.
—No hables de esa manera, Timms, como si supieras algo de mí —dijo Kamus con voz baja y pausada. Estaba tan cerca de ella que la joven hasta podía sentir su aliento.
—¡Me estás lastimando, maldito bastardo! —gritó ella.
Los ojos de Ivory se desviaron momentáneamente del rostro de Anabelle hasta la muñeca izquierda de ella, y entonces volvió a mirarla a la cara. Tardó unos segundos más en hablar nuevamente.
—Excelente. Ésa era justamente mi intención.
Kamus soltó a la joven inmediatamente y le dio la espalda, siguiendo el camino interrumpido por el corredor y sin mirar atrás.
Anabelle permaneció aún con el cuerpo recostado contra la pared, la respiración entrecortada, como si hubiese salido recién de una difícil batalla. Se llevó la mano derecha a la muñeca, que había comenzado a dolerle. Parpadeó repetidamente, tratando de evitar derramar lágrimas de dolor, miedo y rabia.

************************************************

Elizabeth movía y removía con la cuchara la polenta prácticamente sin tocar de su cuenco. Miró nuevamente hacia la mesa de Slytherin. No había ninguna señal de Kamus ni tampoco de Stan, que aún debía estar siendo tratado en la enfermería. Era obvio que la escuela entera ya sabía lo sucedido entre los dos. El murmullo eléctrico que recorría el salón era un reflejo palpable de ello. Y la ausencia de Kamus sólo logró aumentar la inquietud de los estudiantes, llevando a las más absurdas hipótesis sobre lo que le habría sucedido en realidad. La más absurda de todas decía que el ruso invadió la enfermería para tratar de “terminar el trabajo”, pero que fue sorprendido por un escuadrón de aurores convocado por el director para proteger al irlandés y que, después de una férrea batalla, los aurores llevaron al joven bajo custodia a Azkaban. Betsy sacudió la cabeza al oír eso. Era todo una completa estupidez. Probablemente Dumbledore sólo le había exigido al joven que se ausentase del comedor para no provocar un lío aún mayor de lo que ocurrió el día anterior.
La joven hechicera fue sacada de sus elucubraciones al sentir una mano posarse sobre su hombro. Levantó los ojos, encontrándose con el rostro afligido de su novio, Maxwell Sinn. Nunca antes lo había visto así.
—Acabo de venir de la enfermería y pude comprobar el estado lamentable en que lo dejó el animal de tu primo a Stan.
Elizabeth no respondió, se levantó silenciosamente de la mesa de Gryffindor al notar que toda la atención del comedor estaba puesta sobre ella y su prometido. Se colgó la mochila al hombro, diciendo con voz firme e impasible:
—Salgamos de aquí. Si vamos a hablar sobre esto, que sea en privado.
Maxwell trató de abrir la boca para contestar, pero Elizabeth ya estaba a mitad de camino hacia la salida del comedor, por lo que no le quedó otra opción más que seguir a su prometida. La pareja entró a la primera aula vacía que encontraron. Betsy se volvió hacia su novio, cruzando los brazos y mirando a Maxwell con la misma mirada impasible que usó en el salón. Comprendía la situación y el dolor de él por lo que le ocurrió a su amigo; sin embargo, ella creía que Max debería haber tenido más tacto al lidiar con la situación. Por lo menos, así fue enseñada a hacerlo.
—No sé cómo actúan los Sinn, Maxie, pero no me parece adecuado discutir temas de familia enfrente de extraños.
—¿Temas de familia? —el joven no pudo contenerse, exaltándose como raras veces lo hacía—. Ivory es tu primo, no mío. Lo que le hizo al pobre de Stan es imperdonable.
Aun ante la explosión de Maxwell, Elizabeth mantuvo la misma postura seria que adoptó desde el inicio de la conversación.
—Para comenzar —dijo ella—, a partir del momento en que nos comprometimos, Kamus pasó a ser tu primo también. Segundo, tú conoces a Lecter mucho mejor que yo para saber que él hizo o dijo algo para que Kamus reaccionara de esa forma.
—¿Por casualidad estás del lado de Ivory? —replicó Sinn con brusquedad, sintiéndose inmensamente ofendido con las palabras de ella—. Eres mi prometida, deberías apoyarme a mí.
Betsy dejó la mochila al suelo, acercándose a Maxwell. Entendía cómo se sentía su novio. Si algo parecido le hubiese sucedido a Marion, tal vez ella estaría tan trastornada como lo estaba Max. Colocó suavemente una mano sobre el rostro de Maxwell, diciendo:
—No estoy del lado de nadie, Maxie. No estoy justificando a Kamus ni tampoco retirándote mi apoyo. Sólo quiero la solución más justa —y, poniéndose de puntillas, lo besó.
Después que sus labios se separaron, Maxwell colocó la cabeza sobre el hombro de Elizabeth, sujetándola por la cintura. Cerró los ojos, sintiendo los dedos de la joven enredarse entre su cabello negro. Era realmente lamentable lo que le había ocurrido a Stan. El irlandés era un amigo fiel y bastante útil. Sin embargo, en ese momento, Max se dio cuenta que aquella tragedia podría convertirse en un triunfo para él. Si su prometida creía que él se sentía frágil y afligido (más de lo que efectivamente estaba), sería mucho más fácil solidificar el control que anhelaba tener sobre ella.

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A medida que fue transcurriendo el día, la menor de los Black-Thorne comenzó a quedarse verdaderamente preocupada por el destino de su primo Kamus. El ruso no había aparecido en ninguna de las clases que coincidían y nadie parecía saber qué había sido de él después del encuentro en el Club de Duelos. ¿Será que habría sido expulsado de Hogwarts? Ella no podía culpar a Dumbledore si ésa hubiese sido su decisión final, pues, al fin y al cabo, el estado en que Kamus había dejado a Lecter no era de los mejores. Betsy tenía esperanzas de que su carta hubiese llegado a Aldebarán antes del veredicto final del director de la escuela. O tal vez estaría siendo demasiado precipitada en sus conclusiones.
Miró de reojo a su novio, que, silenciosamente, colocaba en el caldero los últimos ingredientes de la poción que Slughorn les había asignado ese día. El director de Slytherin no comentó nada sobre el incidente, aunque no tenía en el rostro su habitual sonrisa zalamera. Su ceño estaba fruncido y parecía preocupado. Max, por su parte, parecía haberse calmado después de la conversación que tuvo con su prometida al comienzo de la mañana. Betsy decidió pasar la máxima cantidad de tiempo posible con él para confortarlo, y Marion, aunque antipatizaba con él, dígase de pasada con cierta razón, comprendió que hasta Maxwell Sinn merecía un poco de compasión y solidaridad en una situación como ésa.
Elizabeth volteó discretamente el rostro para ver cómo su mejor amiga y compañera de laboratorio estaba arreglándoselas sin ella, cuando, inadvertidamente, sus ojos se posaron sobre una exuberante morena sentada en el rincón opuesto del salón. Una idea se formó en la mente de Betsy. Si había alguien que tal vez supiese del destino de Kamus, ciertamente sería esa joven.
Después de ser dispensados por Slughorn, Elizabeth juntó sus cosas, observando detenidamente los movimientos de la otra joven.
—¿No vienes, querida? —preguntó Maxwell.
—Ahora no, Maxie, puedes adelantarte. Tengo algunas cosas que resolver. Nos encontramos más tarde, en la cena, ¿te parece?
—Claro —respondió él, depositando un beso en los labios de su prometida antes de irse.
La mazmorra ya estaba casi completamente vacía cuando la morena se levantó para salir. Hasta Slughorn se había ido para el interior del recinto, en busca de los ingredientes a ser usados en la clase siguiente.
—Bellatrix —llamó Elizabeth.
La otra se volvió. Llevándose el cabello hacia atrás, miró a Betsy con su acostumbrada expresión de superioridad.
—¿A qué debo el honor? Después de todo, no es siempre que mi estimada prima Elizabeth se digna a hablar conmigo —respondió la morena, con un acento sarcástico.
Elizabeth trató de mantenerse seria frente a la provocación. Si no fuese por la gravedad de la situación, ciertamente evitaría tratar directamente con su prima de segundo grado. Ese carácter presuntuoso de Bellatrix la irritaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.
—Sólo quería saber si tenías noticias de Kamus —respondió secamente.
Los labios carmín de Bellatrix se curvaron en deleite. Si a Elizabeth no le gustaba su prima, ella tampoco nutría simpatía por la integrante de Gryffindor. Ese carácter correcto y educado de la pelirroja era enfadoso y aburrido, no encajaba con la posición destacada y superior que cualquiera que tuviera un mínimo rastro de sangre Black en las venas debería mostrar. Era una verdadera pena que la joven fuera tan diferente a Ludovic. Él sí tornaba las cosas mucho más interesantes y divertidas. Pero, por el momento, tenía que contentarse con bromear un poco con su hermana.
—¿Y por qué debería saberlo? —respondió la morena, encogiéndose de hombros, desdeñosamente.
—Porque es nuestro primo y también de la misma Casa que tú.
Bella continuó sonriendo irónicamente a Elizabeth, mientras enredaba jocosamente un mechón de cabello en su dedo.
—¿Sabes que te ves patética cuando comienzas a hablar sobre nuestra familia? Hasta pareces la tía Walburga, o inclusive la prima Marguerite. ¡Qué irritante! ¿Sabes? No sé si tu novio se alegraría de ver tanto interés por Kamus...
Betsy cruzó los brazos sobre el pecho. Sus ojos se estrecharon peligrosamente.
—Maxwell no tiene absolutamente nada de qué quejarse por mi conducta, sea en relación a Kamus o cualquier otra persona. No sé si tu novio puede decir lo mismo, ¿verdad, Bellatrix?
La morena puso los ojos como platos, realmente sorprendida. No se esperaba una reacción como ésa de su prima “mosca muerta”. Tal vez aún hubiese una esperanza para Elizabeth. Después de todo, ella aún era una Black. Su reacción había probado eso.
—No sé nada —respondió Black, por fin.
—Gracias —dijo la pelirroja, más por educación que por gratitud, saliendo rápidamente del aula.
Betsy llegó con pasos fuertes hasta la torre de Gryffindor. No sabía qué le irritaba más, si la actitud de Bellatrix o el hecho de dejarse afectar por ella. ¿Será que realmente se parecía cada día más a su prima Walburga o hasta a su madre? Preocuparse por la familia no le parecía algo malo, por lo menos no por aquellos que creía que valía la pena preocuparse. Si Bellatrix explotaba algún día, desde el punto de vista de la pelirroja, estaría haciéndole un inmenso favor a la humanidad. Pero, ¿por qué Kamus era diferente? No podía decirlo. Nunca convivió con su primo íntimamente, ni siquiera en los siete años de escuela. Pero había una inexplicable certeza para ella de que él era alguien de valor. Y Betsy fue enseñada, desde niña, a escuchar lo que su intuición le decía. Las raras veces que se equivocó fue por dejarse nublar por lo sentimientos conflictivos que hicieron bajar el volumen de la voz de su conciencia que trataba de avisarle cuándo estaba equivocada.
Cansada, se dejó caer sobre su cama, en su dormitorio. Fue cuando sintió algo incómodo en su espalda. Se levantó, viendo que sobre la cama había una carta con el sello de los Black-Thorne. "¡Aldebarán!", pensó para sí misma. Probablemente su lechuza había vuelto más temprano y Marion había recibido la carta por ella, una vez que Temis, su lechuza, reconoció a su mejor amiga como alguien de plena confianza.
Abrió el lacre con ansiedad. Había acertado. La letra firme de su hermano llenaba completamente el pergamino.

Hermana mía:
Conociéndote como te conozco, creo que ya estás afligida por no tener noticias mías o de Kamus. No sé si esta misiva te traerá a ti las noticias que esperas. Envié una lechuza a Dumbledore apenas recibí tu carta. La situación de Kamus no es muy buena y su destino aún es incierto.
Los padres de Lecter aún están fuera del país y recién volverán a comienzos de la semana que viene. Ya fue marcada una reunión entre ellos y el director, en la cual yo también participaré.
En este intervalo de tiempo, Dumbledore, en acuerdo con el profesor McLaggen y el profesor Slughorn, decidieron suspender a Kamus en todas las clases, así como en las actividades extracurriculares, específicamente el Club de Duelos. Fue puesto en aislamiento en una de las mazmorras, ya adaptada como aposento adecuado. Ese aislamiento es menos un castigo y más una precaución sobre posibles represalias por parte de los amigos de Lecter. No es específicamente para protección de Kamus, que, por lo que me contaste, sabe defenderse muy bien, sino para evitar que el incidente traiga complicaciones aún mayores. Por añadidura, también fueron descontados puntos a Slytherin, pero creo que eso era más que esperado.
El profesor Dumbledore es un hombre sensato, tal vez uno de los más sensatos que he conocido, así que te ruego que te quedes tranquila. Todo se solucionará de la manera más justa.
Tu hermano Aldebarán.


Betsy se dejó caer nuevamente sobre la cama. Estaba exhausta, pero también aliviada con las palabras de su hermano. Aldo tenía razón, tenía que confiar en el juicio de Dumbledore. Lo que ella pudo hacer por su primo ya lo hizo. Y, más que confiar en el buen sentido del director de Hogwarts, confiaba en la capacidad de su hermano mayor de interceder por su primo hasta el punto en que le parecía correcto.





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CRÉDITOS

TRADUCCIÓN:Corina Frasier












Este blog es un fanfiction inspirado en los libros de Harry Potter. Nuestra historia comienza en los años 70, el tiempo de la primera guerra mágica. Nuestros personajes son originales, inspirados por el universo de JK Rowling.

NICHOLAS DANIEL JOHNSON


Escritor muggle de libros de fantasía y ficción. Sus padres, Richard y Mary, eran profesores de literatura inglesa, lo que tal vez haya influenciado a Nicholas en su elección profesional. Ambos murieron en un accidente de tráfico al regresar de una conferencia en una noche lluviosa, cuando Nicholas tenía doce años. Fue criado por su hermano mayor, Robert Johnson.


ELIZABETH ASTREA BLACK-THORNE JOHNSON


Heredera de una ultra tradicional y conservadora familia de magos, los Black-Thorne, Elizabeth nunca aprobó las ideas tradicionalistas de sus padres, siempre entrando en serios conflictos con ellos, especialmente con su madre, Marguerite. Cuando era estudiante perteneció a Gryffindor, hecho que generó una nueva desavenencia entre ella y su familia. Es alegre, valerosa e intrépida. Trata con igual simpatía a muggles, magos y mestizos. Es más, su mejor amiga, Marion Peterson, es hija de muggles. Cuando se graduó en Hogwarts decidió ser auror como su hermano Aldebarán, a quien mucho admira.


ALDEBARÁN AURELIUS BLACK-THORNE


Hijo primogénito de Pericles y Marguerite, Aldebarán siempre tuvo una personalidad introvertida. Raramente sonríe a no ser en presencia de su hermana menor, a quien le profesa un gran amor. No aprueba las ideas de sus padres sobre la pureza racial entre los magos y siempre trata con igual deferencia a muggles, magos y mestizos. Cuando estudiaba en Hogwarts perteneció a Ravenclaw. Es un hombre justo y valiente.


FRIDA WITOSLAWA GRYGIEL


Es una bruja de origen polaco y estudió en Durmstrang de joven. Se mudó a Inglaterra poco después de graduarse. Es una mujer elegante, educada y distinguida.


LUDOVIC SEDARIUS ERÍDANO BLACK-THORNE


Hijo del medio del matrimonio Black-Thorne, Ludovic siempre fue el preferido de sus padres exactamente por ser el único de la prole que aprobaba incondicionalmente las ideas paternas acerca de la purificación de la raza mágica. Perteneció a Slytherin cuando estudió en Hogwarts. Después de graduarse se hizo mortífago. Ludovic es uno de los más inescrupulosos, perversos y amorales siervos de Voldemort y uno de sus principales asesinos y torturadores.


ALEXANDER Y GABRIELA SINCLAIR


Gryffindor en los tiempos de Hogwarts, Alex era conocido por su coraje e integridad. Se volvió auror después de graduarse, pero por amor a su esposa abandonó el empleo y se volvió instructor de la Academia de Aurores. Es uno de los mejores amigos de Aldo.
Gabriela nació en Perú y se mudó a Inglaterra para trabajar con su hermano mayor. Muggle, siempre tuvo dificultades en aceptar y lidiar con el mundo mágico, pues iba en contra del temperamento racional que ella cultivó durante años. Es una mujer cariñosa pero de genio fuerte.


LUCY REINFIELD


Miembro de Hufflepuff en época del colegio, vio a sus padres ser asesinados por mortífagos cuando tenía once años de edad; escapó gracias a que estuvo escondida y su madre logró distraer a los siervos de Voldemort. Sin otros parientes vivos, Lucy pasó a estar bajo la tutela de Bartemius Crouch, amigo de largo tiempo de su padre y que terminó ocupando efectivamente el cargo que sería de Reinfield. Cuando se graduó en Hogwarts, Lucy trató de entrar a la Academia de Aurores, pero suspendió los exámenes físicos. Fue gracias al "tío Barty" que Lucy consiguió el puesto de secretaria en el Cuartel General de Aurores.


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